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Realizado en la comunidad indígena de Isla Murindó, Antioquia, los dias 20 y 21 de octubre. Enuentro que da continuidad al proceso de discusión sobre los aspectos que atentan contra la vida de los pueblos y del territorio.
 
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La cartografía del siglo XIX. De científicos, viajeros, exploradores y otros más

El desarrollo de la cartografía en Colombia durante el siglo XIX fue notable, hecho que estaba reflejando el nuevo espíritu que se quería introducir. Con "La Independencia -tanto política como intelectual- nace ante todo de la experiencia científica, que permite ver la realidad con otros ojos" 46. Esta experiencia científica tuvo niveles desiguales entre las dos mitades del siglo: una primera mitad en donde, antes de la Independencia, se concentró en los últimos años de las investigaciones de Mutis, epígonos de la Expedición Botánica, y en el arribo por iniciativa propia de científicos que recorrieron el país y dejaron notables investigaciones y algunas cartas geográficas, como fue el caso de Alexander von Humboldt y su compañero Aimé Bompland. El primero elaboró en 1801 un plano del río Magdalena.

El espíritu de la experiencia no fue generalizado, aunque quiso imponerse con la Independencia, cuando Francisco Antonio Zea, por orden de Francisco de Paula Santander, trajo desde Europa las ideas y los científicos para establecer en el país un Museo de Ciencias Naturales y una Escuela de Minería 47. No obstante, la experiencia fracasó. Entre los científicos traídos estaban Mariano Rivero, François-Desiré Roulin y Jean-Baptiste Boussingault 48, quienes hicieron importantes contribuciones, especialmente en el área de la minería, y este último, algunos aportes a la cartografía como el mapa del distrito minero del Cantón de Supía.

Es realmente en la segunda mitad del siglo XIX cuando el espíritu científico toma vuelo y la cartografía alcanza un grado notable de desarrollo con la creación de la Comisión Corografica en 1850, en el gobierno de Tomas Cipriano de Mosquera. Hasta ese momento la mayor parte del territorio estaba por recorrer, pocas provincias tenían mapas y descripciones geográficas49. Con la Comisión se buscó suplir este vacío y, gracias a tan importante empresa científica, Colombia manifiesta un intento de conciencia histórica y escudriña su propio ser en busca de una identidad geográfica, económica, histórica y social 50.

De estos dos períodos el Chocó recibe su incidencia directa; es así como Alexander von Humboldt, aunque no estuvo en el Chocó, en sus años en Colombia entre 1801 y 1804, por referencias, se formó una idea aproximada de lo que era el Chocó en cuanto a riqueza minera, condiciones geográficas, régimen de pluviosidad, e incluso dio su opinión sobre cómo era lograble el desarrollo del mismo y hasta condenó la esclavitud por ser contraproducente para la minería 51. El sabio Humboldt utilizó el plano hidrográfico del río Atrato realizado por Juan Jiménez Donozo como base, al igual que los datos y observaciones, incluyéndolos en el atlas de veinticinco mapas elaborados por él 52.

El mapa del Reino realizado por Tomas López en 1802 se fundamentó, a su vez, en los trabajos de Humboldt y nuevamente en los de Juan Jiménez Donozo sobre el Chocó, además de los de Francisco José de Caldas y el francés Roulin 53.

Francisco José de Caldas también y de manera reiterada tuvo presente al Chocó, región de la que temprano tuvo conocimiento y a la que siempre quiso visitar. Uno de los primeros escritos con referencia al Chocó fue sobre el canal interoceánico, según él rompiendo el pequeño estrecho que separa al río San Juan y el río Atrato, sobre el que escribió en mayo de 1797 54. En 1802, estando en Quito y con viaje programado, planteó internarse "algún tanto en el Chocó, por el número inmenso de plantas, y en especial de palmas, que se dice hay en estas regiones" 55. En febrero de 1803, la posible ruta la varió para entrar por San Juan e ir hasta el Arrastradero de San Pablo, y salir por el golfo del Darién para luego ir por mar a Cartagena. Aparte del paso interoceánico planteó la importancia de conocer las culebras y las curaciones producidas por la mordedura, pues "en ningún país del mundo se cura mejor el veneno de sus mordeduras con vegetales que produce el país con abundancia", decía en su carta a Santiago Arroyo 56. Esta ruta nunca la hizo, entre otras razones porque en Mapucho (Ecuador), "he estropeado mi salud hasta el punto de sospechar que no podría sufrir la malignidad del Chocó" 57. A pesar de que escribió varias veces sobre el Chocó, parece ser que sólo hasta 1813 logró visitarlo cuando, estando en Antioquia, fue enviado a trazar el camino al Chocó 58.

El caso de hablar de oídas, con referencias mas o menos precisas, ya señalado en Von Humboldt y Caldas, no fue aislado, ya que muchos viajeros escribieron sobre el Chocó desde regiones próximas, muchas veces exagerando la descripción. Un caso es el de A. Le Moyne, quien, después de haber estado en Colombia entre 1828 y 1839, fue a Francia pero regresó a América con destino a Perú, pasando por Panamá en 1841. Como era casi un imperativo, tocó el tema del canal y dedicó unos apuntes acerca de algunas regiones del istmo y del Chocó. Sobre el Chocó eran las mismas generalidades de la época: el clima malsano, la reputación de las minas de oro y platino, y hace mención del canal de Raspadura como el susceptible de la comunicación interoceánica, citando a Humboldt, pero concluye: "Admitiendo que esa comunicación natural exista, es evidente que en las condiciones antes dichas, no tiene utilidad práctica, a menos de realizar trabajos considerables, para una navegación a través de una región desierta y peligrosa por su excesiva insalubridad" 59.

Después del fracaso de la Escuela de Minería, para lo que había sido traído inicialmente, Jean Baptiste Boussingault viajó a Supía en 1827 para examinar el estado de la explotación de oro en el distrito y, como comisario designado por el ministro, para conciliar los intereses del Estado con los de la compañía Colombian Mining Company 60. De allí emprendió un recorrido por el Chocó en 1829, viaje del cual quedó un capítulo en sus memorias 61, en el que combina la observación del viajero y del etnógrafo con el análisis geológico y de minas, además de realizar una serie de gráficos y levantamientos que se hicieron durante el viaje para superar las incongruencias del mapa tan inexacto que llevaba, según él, del interior del Chocó, tan poco conocido 62.

Otro hecho notable y de singular importancia en esta primera mitad del siglo fue el recorrido que hiciera el entonces sargento mayor graduado de artillería del ejército colombiano Agustín Codazzi. En 1819 emprende, por orden de su comandante Luis Aury, un largo recorrido para llevarle un mensaje a Bolívar. En los capítulos IX y X de sus memorias quedó registrado este viaje que hizo por el Chocó, desde la frontera con el archipiélago de San Blas y la costa del Darién hasta la desembocadura del río San Juan en el Pacífico, después de remontar el río Atrato, pasar el estrecho o istmo de San Pablo y bajar por el San Juan.

Las paginas memorables de este recorrido son una notable descripción de la geografía de los sitios recorridos, pero lo importante de este viaje que señala Giorgio Antei 63 es que significó, en la vida de Codazzi, un antes y un después. La percepción geográfica de éste quedó marcada por aquel recorrido en donde alcanzó la visión de su propio destino 64. Para Antei los mapas producidos en las memorias, que fueron siete, son muy distantes de los de su madurez, porque son su reconstrucción personal, la simbolización y su historia, mientras que la cartografía posterior retrata directamente el espacio 65. Es precisamente en el Chocó donde comenzó a ser dueño de sí mismo e inauguró una diversa manera de relacionarse con el mundo reflejada en la producción cartografica posterior.

De los mapas incluidos en las Memorias de Codazzi 66, dos de ellos estan directamente relacionados con el Chocó: el Mapa del camino del Chocó a Santafé de Bogotá y el Mapa del camino del golfo del Darién Atrato arriba hasta el río San Juan, fechados en 1820 y el último basado posiblemente en mapas del archivo del virrey Samano. Pero éstos no son los únicos resultados cartográficos, pues existen mapas de la región del Chocó, de la zona de Nóvita y croquis del Baudó, Nóvita, Quibdó, entre otros manuscritos elaborados por Codazzi en sus viajes al Chocó 67.

Con la Independencia también llegaron los viajeros que en misiones oficiales o privadas se aventuraron por el país en busca de las potencialidades económicas que pudieran aprovechar de los capitales extranjeros, y aun nacionales; o por el placer de la aventura. Los recursos naturales, las posibilidades de explotación, las vías de comunicación, entre otros factores, eran de su interés, y los combinaron con una gran capacidad de observación, testimoniada en interesantes crónicas de viajes.

Muchos de estos viajeros pasaron por el Chocó dejando descripciones de gran valor histórico e inaugurando lo que se denomina la geografía descriptiva, con el sesgo propio de la visión europea; racista y prejuiciada, pero sin detenerse en análisis, o sin dejar, en la gran mayoría de ellos, documentación cartografica. Entre éstos se puede destacar el mercader francés Julian Mellet 68, que recorrió el Pacífico colombiano desde Barbacoas hasta el Golfo de Urabá en 1819, pasando por Nóvita y Citará (Quibdó), de las que dejó algunas descripciones; el también francés Gaspar-Théodore Mollien 69, en 1823; el inglés Charles Stuart Cochrane 70, quien entró por Anserma y salió por el Atrato en 1824; el médico francés Charles Saffray 71, que remontó el San Juan, pasó por el istmo de San Pablo y también salió por el Atrato en 1869. El último de ellos en el siglo XIX fue, tal vez, Jorge Brisson72, otro francés, quien en 1895 realizó para una compañía antioqueña: la Sociedad Exploradora del Chocó, una expedición por el Alto Chocó.

Mollien dedicó un buen número de interesantes páginas a hacer una descripción de su paso por el Chocó, el que recorrió después de salir de Buenaventura, pasar por el istmo de San Pablo y después por Citará, para proseguir a Panamá por el Atrato, una de las rutas habituales. Es una visión pesimista por la precariedad de los suelos, la insalubridad, el escaso comercio, la carestía de los víveres, la poca población, el abandono de las ciudades, tal vez resumida en estas frases: "En medio de tantas riquezas el hombre, sin embargo, es pobre y desgraciado, no se ven viviendas sino sobre los oteros que de trecho en trecho hay a lo largo de los ríos" 73. A pesar de ello, tiene espacio para algunos rasgos poéticos o para mencionar los proyectos que un inglés anónimo tenía para realizar un posible canal interoceánico.

Al margen de los viajeros existieron otros extranjeros que como inmigrantes se habían quedado en el país, quienes, llegados basicamente para las explotaciones mineras, aplicaron sus conocimientos topograficos en el levantamiento de mapas de diferentes regiones con algún interés, ya sea para la explotación minera o el poblamiento, como fueron los casos de Gabriel Ambrosio de la Roche, Guillermo Eduardo Couttin, Roberto Blake y Franklyn White, Jorge L. y Henry White Uribe, o el mencionado Carlos Segismundo de Greiff, que representa al grupo de ingenieros que trabajaron desde Antioquia.
Mapa 39. San Juan, mapa de la zona entre los ríos San Juan y Tamaná, 1781.


De la Roche, un francés que había servido con los comuneros en Francia y emigrado durante la revolución 74, realizó en 1804 un mapa del Chocó, en donde por primera vez se aproximó a todo el territorio chocoano, aunque sin precisar sus límites. Éste es el mapa de mayor interés de aquellos años, pues ya se va modelando el territorio y hay una mejor comprensión del conjunto de la geografía, con las imperfecciones y las limitaciones técnicas propias de la época. También realizó otro plano en 1806, que, según el historiador Roberto Luis Jaramillo, formaba parte de un estudio para la construcción de un canal interoceánico.

Couttin era un criollo de origen francés, pues su familia tenía tiempo de haberse establecido en el Chocó; fue teniente de infantería del ejército patriota y edecán de Francisco de Paula Santander; elaboró en 1832 un Plano de las bocas del Atrato y de su puerto y ensenadas de la costa, muy interesante por la toponimia y la aproximación al Bajo Atrato. Este mapa fue enviado al gobierno republicano acompañando un informe de Carlos Ferrer, sobre la situación de la provincia del Chocó el 18 de febrero de ese año, cuando pasó a ser provincia autónoma integrante del gobierno de la Nueva Granada.

De Greiff, por su lado, era un ingeniero sueco que llegó para la explotación de minas en el cantón de Supía y después en Antioquia; fue quien levantó un plano del Bajo Atrato en 1847, con el fin de definir el camino que buscaba construir el gobierno de Antioquia a través del Atrato, llamado de Occidente. Aparte del plano se publicó un informe, escrito por el mismo de Greiff, llamado Exploración del Golfo de Urabá, del río Atrato y de sus vertientes, el 3 de junio de 1847 en la Gaceta de la Nueva Granada 75, como parte del encargo que le hizo el gobierno entre 1845 y 1848, que incluía además hacer estudios de canalización en el istmo y en el Chocó 76.

El jefe político del cantón del Atrato, Juan José Espada, el 21 de septiembre del mismo año del informe de De Greiff, denunció que éste tenía "muchas inexactitudes que se podían probar; y que tal vez no ha tenido otro objeto que contribuir a la desmembración que pretende hacer a la provincia del Chocó" 77, el gobierno antioqueño.

Otro extranjero que realizó un levantamiento de esta zona del país fue el ingeniero civil Martín Nugent, quien elaboró una carta topográfica en 1846, en la cual aparece una parte de la región del río Atrato desde la desembocadura hasta el Alto Chocó, en el área de influencia del Urabá, puesto que el interés estaba centrado en esta región, por lo que el mismo autor la califica como una carta local 78.

También debe señalarse el mapa del noroccidente de Estados Unidos de Colombia, realizado por Henry White, de la dinastía de los White, en 1886, como parte del informe enviado sobre los distritos de Frontino y Cañasgordas y la propuesta para un camino al mar. Si bien en los dos últimos el interés estaba puesto en gran medida en la región del Bajo Atrato, no dejan de ser mapas importantes para el Chocó, pues en la fecha de ejecución eran territorios chocoanos, en los que Antioquia hacía exploraciones, estudios, planes y aún ejecutaba proyectos de poblamiento, buscando siempre una salida al mar, ya fuera directamente o a través del Atrato para acortar las distancias y disminuir los costos de su comercio. Esta era una situación que venía mucho tiempo atras, puesto que desde la misma época del bachiller Antonio Guzmán y Céspedes se buscaba anexar las tierras orientales de Chocó a la zona de Urrao y después de Antioquia. El historiador Roberto Luis Jaramillo señala cómo se había frustrado un plan de anexión desde comienzos del siglo XVIII, con varias entradas de pacificación y exploración, buscando minas y fundando poblados como Fuemia, Murrí y otros, para después alegar el mando de la gobernación de Antioquia. Patrocinador de esa política fue el gobernador López de Carvajal 79. Por lo que esta cartografía es expresión de aquellas pretensiones, que después le rendiría frutos a Antioquia.

Pero el Chocó, y específicamente el Darién, no sólo atrajo a los comerciantes, mineros, científicos y viajeros sino que también llamó la atención de los gobiernos extranjeros y del mismo colombiano, para definir una ruta interoceánica. Es así como este siglo, más que ningún otro, ve resurgir el tema del canal, por lo cual expediciones de diferentes tipos intentaron conocer de manera precisa las rutas ya planteadas o proponer unas nuevas. El que estos exploradores fueran ingenieros permitió acelerar la precisión topográfica de ciertos sectores del Chocó, pues en mayor medida fueron tales estudios y las propuestas realizadas.

Aunque el mayor número de exploraciones y de propuestas se realizaron en la segunda mitad del siglo, en la primera se hicieron algunos estudios y propuestas técnicas, como el informe de Lloy y Falmare publicado en Londres en 1832, el de la casa francesa Salomón & Cía. en 1833, o el de Napoleón Garella por orden de Luis Felipe I, rey de Francia, en 1844 80. Codazzi hace mención, en 1853, de los planos realizados por los ingenieros ingleses, ya dados a la luz, para hacer un canal interoceánico en el istmo del Darién entre la Bahía de Calidonia, en el Atlántico, y el río Sabanas, que desemboca en el golfo de San Miguel, en el Pacífico 81.

Con todo esto, no hay un mapa que precise los límites de la provincia, a la que en 1863 se le definen límites por ley. Sólo en la Carta de la República de Nueva Granada, conforme a la última división política por Tomas Cipriano de Mosquera, publicada en Nueva York en 1852 82, aparece el Chocó de manera independiente, ya que en una carta anterior, publicada por José Manuel Restrepo en París, en 1827 83, formaba parte del departamento del Cauca, y como tal aparece señalada la provincia pero sin sus límites. En la carta de Mosquera, Turbo forma parte de Antioquia, lo cual es una incongruencia, pues en el mismo gobierno de Mosquera, en 1847, el denominado "partido de Turbo" fue asignado a la provincia del Chocó, sustentando esa medida en las mayores facilidades de comunicación con Quibdó 84. Aunque un mapa posterior de 1864 corrigió el error, ya no es como provincia independiente sino como parte del Estado del Cauca.

La segunda mitad del siglo XIX es aún mas prolífica, pero es especial por ser el período de actividad de la Comisión Corográfica, que tiene una importancia sobresaliente en el país, pues "no fue tan sólo el haber hecho mapas del territorio y de sus distintas provincias. Aunque esto es muy importante, hay que considerarlo como una parte del gran proyecto de creación de un nuevo país [...] De la Comisión Corográfica surgieron estudios, y el espíritu de la modernidad que caracterizaría el pensamiento de medio siglo" 85.

Esta comisión estuvo por el Chocó en su cuarta expedición entre 1852 y 1853, encabezada por Agustín Codazzi y de la que formaron parte el hijo de Codazzi, Domingo, el botánico José Jerónimo Triana, Santiago Pérez y el dibujante Manuel María Paz. Lo estudiado en el Chocó quedó incluido en la Geografía física i política de las provincias de la Nueva Granada, publicada en 1856 por Codazzi, y además en la Geografía física i política de los Estados Unidos de Colombia, escrita por Felipe Pérez y publicada en 1862. Otro documento directamente relacionado con esta expedición es el libro Viajes por Antioquia y el Chocó, de Santiago Pérez, que narra la expedición de 1852.

La minuciosidad del estudio posibilita un conocimiento del Chocó de aquella época, con sus descripciones botánicas, geográficas, climatológicas, etnográficas, acompañadas de la corografía y de los dibujos y acuarelas. Para algunos, el hecho de ser meramente descriptivo y no analítico marca un retroceso desde el punto de vista científico con respecto a los trabajos de Humboldt y de la Real Expedición Botanica 86. Pero esto no le resta méritos en términos de ser una manera de reconocimiento o redescubrimiento de un país, aun en los mas recónditos lugares como el Chocó, que empezaron así a formar parte de la nacionalidad que se soñaba construir.

Codazzi también participó por orden del gobierno nacional en varias expediciones a Panamá y el Chocó en 1853 y 1854, acompañando las comisiones de las marinas de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, que estaban empeñadas en definir rutas para un posible canal. Su misión allí fue salvaguardar los intereses y la soberanía del país 87.

Durante la segunda mitad del siglo se multiplicaron las propuestas y los estudios para la construcción de un canal, especialmente de ingenieros norteamericanos, como el de Lull en 1875 88, para citar uno solo, hasta lograr sus propósitos con la iniciación de las obras en Panamá por los franceses, al mando de Ferdinand de Lesseps en 1880, por la ruta denominada Reclus-Wysse-Sosa, de la cual ya había conceptuado Codazzi que era la única posible 89. Pero de igual manera volvió a resurgir el interés que se prolongaría hasta los primeros decenios del siglo XX, cuando fracasó la empresa francesa Compagnie Universelle du Canal Interocéanique, nueve años después.

Mientras el país estaba en la tarea de inventar una república, profundizando en el conocimiento de sus "propios medios y recursos" 90, o pensando en una ruta interoceánica, la clase dirigente, desde mediados del siglo XIX, intentaba por todos los medios insertarse en el país con el fin de lograr el intercambio comercial y formar parte de la estructura económica, de la configuración espacial y, por ende, de la nacionalidad que se estaba creando. Así es como se produce otra cartografía menos científica, aunque no menos importante, como es la de los levantamientos topográficos de los caminos que se proyectaban, con las limitaciones propias de los recursos técnicos de la época.

Si bien muchos de los caminos coloniales tenían expresión cartografica, ésta era bastante precaria, imprecisa y poco confiable o ya no existían. Por eso la necesidad de realizar nuevos trazados que apuntaran a definir mejores rutas, mas cortas y que obviaran los azarosos trayectos que tanto impresionaron a Codazzi y a casi todos los cronistas. Los trabajos más importantes fueron proyectados por el genovés Juan Bautista Mainero y Truco, denominado el camino de Bolívar e iniciado en 1863 91, y el del camino del Chamí, dirigido por Griseldino Carvajal e iniciado en 1891, del cual hace un detallado informe en 1894 92.

Otro tipo de cartografía fue la requerida para la navegación del río Atrato. Las nuevas exigencias de los barcos de vapor implicaron un conocimiento exacto del río, por lo que el gobierno, en los intentos por regularizar el servicio a través de los privilegios otorgados a las empresas, en algunos casos incluyó clausulas que las obligaban a levantar planos, con estudios científicos sobre la manera de verificar con mas seguridad y economía la navegación, como sucedió en el contrato suscrito en 1886 con la empresa Navegación a vapor de Cartagena a Tolú, Sinú y Atrato, gerenciada por Edmundo Smith 93.

Sobre el río Atrato, por diferentes motivos, se hicieron varios mapas: Joaquín Acosta en 1847, en París, cuando publicó el mapa de la república, hizo lo propio con un mapa del Atrato 94; John C. Trautwine publicó en 1852, como parte de los estudios de un canal por el Chocó, los mapas Atrato and San Juan (Interoceanic canal), Bocas del Atrato y Porciones del Atrato y Napipí 95; un ingeniero de apellido Hayward, de la compañía Atrato Mining and Developing Company, elaboró el Map of a part of the Atrato and Tributares 96.

 
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