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De intendencia a departamento de Colombia. En busca de la identidad. El siglo XX El siglo XX se abre para el Chocó de una manera poco halagadora: con la pérdida de su integridad territorial en 1905. Territorios comprendidos en los límites del "viejo Chocó", específicamente la parte oriental del río Atrato en el área geográfica del Urabá, fueron incorporados al territorio del departamento de Antioquia para compensarlo por la pérdida de los territorios del sur que conformaron el departamento de Caldas, aunque a cambio recibió la parte correspondiente a la zona de influencia de la cabecera del mismo río Atrato. Un año después, las tribulaciones del Chocó aumentaron cuando es convertida en intendencia nacional, un régimen de excepción que existía desde 1853 pero al que nunca había llegado, lo que implicaba, al decir de Daniel Valois, la pérdida de su igualdad y comunidad jurídicas con las provincias tradicionales y su normalidad constitucional y administrativa 97. La razón fundamental para que se erigiera como intendencia se debió a los temores desde la clase dirigente nacional de que siguiera el mismo camino de Panamá, que se independizó en 1903. Desde 1904, en los periódicos nacionales, el primero de ellos La Enseña de Cali, se propuso una forma de gobierno que permitiera el control nacional, máxime cuando varias empresas extranjeras invertían en esta región, lo que aumentaba la preocupación. Después de varias propuestas en el congreso, al fin se cumplió en la Asamblea Nacional convocada por Rafael Reyes 98. Por la ley 1a. de 1908, que empezó a regir desde el 1o. de enero de 1909 y que sólo duró hasta que otra ley, la 65, de diciembre de 1909, dispuso que desde el 1o. de abril de 1910 sería nuevamente intendencia, el Chocó fue brevemente departamento de Quibdó, siendo su único gobernador Eduardo Ferrer 99. Pero si en definitiva quedó como intendencia, después de su breve paso como departamento, sus límites siguieron modificandose. En 1908 las poblaciones chocoanas del Silencio, Versalles, Salmelia, Argelia y Cajamarca pasaron a depender del municipio de Toro (Valle), y en 1912 se segregó a Pueblo Rico del Chocó para pasar al departamento de Caldas (hoy forma parte del departamento de Risaralda) 100. La minería, especialmente la del platino, fue la base fundamental de la economía, lo que desde finales del siglo XIX levantó grandes expectativas, atrayendo la atención de aventureros e inversionistas extranjeros: franceses, sirio-libaneses y especialmente norteamericanos, como Henry Granger, que en 1899 era cónsul de los Estados Unidos en Quibdó y a la vez gerente de una compañía minera de la que era socio Eduardo Blum 101. De igual manera, había otras compañías que competían por encontrar nuevos yacimientos, explorar nuevas tierras y esto consignarlo en mapas y planos para solicitar su adjudicación. Existieron empresas curiosas, como las salinas de la empresa Armenta & Co., que montó una planta de explotación de salina marítima en 1907, de la que queda un interesante mapa 102, algo sin antecedente y sin continuación, ubicada en la Bahía de Cupica, donde desde finales del siglo XVIII se intentaba la colonización. En esta empresa, a la cual se le quiso dar un tinte patriótico, estaba involucrado el ingeniero Antonio Luis Armenta, gran animador de un canal por esta vía. Como intendencia, a pesar de las desventajas administrativas, el Chocó tuvo uno de los períodos históricos de mayor vitalidad cuando se aunaron factores de índole cultural, social, económica y política. Nuevos grupos sociales formados por hijos de comerciantes se empezaron a distanciar de los precedentes grupos dominantes (los antiguos grupos esclavistas y miembros de la burocracia intendencial). De manera simultanea se dio el surgimiento de un grupo minoritario de comerciantes negros que apoyó e integró la nueva clase social y política que se formaba; además, la población negra creció en las areas urbanas -comenzando a ser el grupo social predominante, especialmente en Quibdó e Istmina-; este rapido panorama se queda corto en cuanto a las muestras de dinamismo social y de receptividad a nuevas propuestas ideológicas de la época. Una transición en lo político para el decenio del veinte y parte del treinta trajo como resultado final la irrupción y consolidación de una propuesta política de corte racial en este último decenio, que hasta el día de hoy extiende sus efectos. Mapa 50. Croquis del Camino Nacional del Chocó al Valle del Cauca, 1847. La modernidad comenzó a ser planteada primero desde la literatura y después trasladada a un proyecto de modernización del Chocó recogido por la clase dirigente surgida en los nuevos grupos sociales. Los idearios y propuestas de éstos, parcialmente se lograron adelantar cuando los precios del platino se dispararon y el Chocó se convirtió en el primer productor mundial; así soñaron grandes proyectos como el canal interoceánico, la conexión carreteable y ferroviaria con el interior del país, la carretera transoceánica o panamericana, entre otras propuestas hiperbólicas que hacían de la selva la cima de la civilización moderna.
Aunque la mayoría de los proyectos no se realizaron, varias obras importantes se ejecutaron para ampliar los nexos de la capital con sus territorios. Una conexión intrarregional como la vía Istmina-Quibdó, o la vía carreteable Quibdó-Medellín, ejecutada sobre el antiguo camino de Antioquia en la parte chocoana, permitió en 1944 la anhelada comunicación. También se erigieron importantes edificaciones en las principales ciudades, pero fueron más las propuestas que se quedaron diseñadas en el papel. Si bien existió un predominio de la minería, la clase dirigente regional buscó incentivar la agricultura; para ello consideró viable el incentivo de la inmigración hacia algunas areas geográficas, empezando por la ensenada de Utría, en la costa Pacífica, en la década del diez. Lo mismo hizo el gobierno nacional en los años treinta, cuando Alfonso López Pumarejo intentó la colonización dirigida a la Bahía de Solano con la fundación de Ciudad Mutis. En el norte, es decir en el Darién, las migraciones de finales del siglo continuaron con las plantaciones que se hicieron de caucho y banano en el area de Acandí, y que aún hoy, a finales del siglo XX, continúan. Nuevamente se ampliaron las fronteras internas con grupos de colonos en todas las regiones de la intendencia. La importancia estratégica, que aumentó desde 1903 con la secesión de Panamá, por la ubicación geografica y con ello los canales interoceánicos, mas la importancia económica por explotación minera, indujo al interés de muy variados personajes, grupos, instituciones y países, que hicieron estudios específicos de su territorio, ya fuera por el solo interés geográfico o etnográfico o por las riquezas auríferas, platiníferas y petroleras. Los estudios en la primera mitad del siglo permitieron aumentar el conocimiento de todo el territorio, aparte de los múltiples proyectos contemplados allí, producto del trabajo de notables científicos o exploradores, nacionales o extranjeros, que llegaron al Chocó interesados en esa riqueza que se promovía. Aparte de los estudios específicos sobre los canales, es de notable importancia el compendio geográfico del aleman J. Kunst: Der Alto Chocó, publicado en Hamburgo (Alemania) en 1913, que, al decir de Enrique Hubach, es un "trabajo crítico que orienta fundamentalmente sobre la exploración geográfica del Chocó" 103. El propio geólogo Hubach realizó valiosos aportes al conocimiento geológico, Emil Grosse hizo lo propio con su colección de rocas y también el ingeniero Henry White Uribe contribuyó en las determinaciones geográficas y mineras, todos en la década del veinte. Este White Uribe, como ingeniero director, presentó el informe de la Comisión Minera del Chocó, en 1929, después de una extensa exploración, en el cual se incluyen descripciones generales, observaciones geológicas, estudios específicos de los distritos, listas de minas denunciadas, una rica historia de la minería, altimetrías y varias cartas topográficas de los distritos visitados 104. Artículos o descripciones del Chocó, en revistas o en la prensa nacional, se publicaron desde temprano, por autores chocoanos, como Guillermo Hurtado o Reinaldo Valencia, o de afuera, como Pedro Uribe Restrepo en la Revista Nacional de Colombia 105 o Miguel Triana en la Revista de Colombia, pero son las publicaciones de Jorge Álvarez Lleras las que tienen mayor trascendencia, profundidad y análisis, además de ser una actividad permanente de propuestas a través del Boletín de la Sociedad Geográfica de Colombia, de la que fue secretario perpetuo. Álvarez Lleras, desde 1924, cuando publicó un pequeño libro sobre el Chocó, mantuvo su interés por éste y fue difusor de proyectos, entre ellos los canales; visitó la región, especialmente hacía la zona minera del San Juan, y como producto de ello publicó en el Boletín de la Sociedad Geografica de Colombia sus relaciones de viaje, con escritos históricos y etnográficos, además de material fotográfico y cartografía 106. Con la Geografía ilustrada del Chocó, del teniente Jorge Mendoza Nieto, publicada en 1942, forman las dos más importantes obras de carácter geográfico publicadas en esta primera mitad, en el interior del país y dedicados exclusivamente al Chocó 107. La mirada de estos visitantes estaba marcada por la idea de progreso, desarrollo industrial, apertura a los mercados externos, realización de infraestructura, una explotación al máximo de las riquezas, y estaban de acuerdo en que el atraso se debía en parte a "la indolencia de los habitantes". Tanto White Uribe como Álvarez Lleras, a pesar de la concepción que tenían, denunciaron la explotación inadecuada de los recursos que no le dejaba beneficios al Chocó, e incluso White señaló cómo la explotación extranjera, de la cual sólo hasta ese momento "principiamos a darnos cuenta", era un problema de seria magnitud de soberanía nacional. La solución que se daba era la de abrir paso a la inmigración, la adjudicación de baldíos, el mejoramiento de la legislación minera para definir títulos de propiedad en contravía a la tradición oral nativa, la necesidad de producir para ser libres y la orientación científica de las vías, para lograr eso que White llamaba "la transformación del Chocó, merced a su riqueza mineral y a la feracidad de sus terrenos" 108, un ideario que impregnó a la clase dirigente local y fue el criterio predominante en la primera mitad del siglo. En 1947, después de una lucha que se venía planteando desde los años veinte, la intendencia pasó a ser departamento conservando los mismos límites, categoría que hasta el día de hoy ostenta. Después de este hecho se acentuó una de las condiciones fundamentales del Chocó: una ciudad predominante, que es Quibdó y un alto índice de ruralidad en el resto del departamento y uno de los menores índices de densidad demográfica en Colombia. Sin duda que la unidad territorial que logró pasar de intendencia a departamento y conservarse posteriormente como tal, fue lograda en parte por el temor y la amenaza. La unidad interna se logró siempre en razón al miedo de que, o una de las dos provincias tradicionales se anexara, o que la intendencia y posteriormente el departamento lo repartieran entre los departamentos vecinos. Así, en los años del diez, desde la provincia del San Juan se proponía la anexión al Valle del Cauca o la creación de dos intendencias: la del San Juan y la del Atrato; en el decenio de los veinte se decía que "si los chocoanos no pueden unirse, sera mas conveniente para el país acabar el régimen intendencial y repartir ese territorio entre los departamentos de Caldas, Valle y Antioquia" 109. Cada uno de estos hechos incentivó campañas internas; la liderada por el periódico A.B.C. en 1914, la iniciativa de Alfonso Meluk en 1926 del Comité de Acción Chocoana, primeros impulsos a la larga lucha por lograr la departamentalización, pero que lograda no alejó el fantasma de la repartición del territorio, algo que volvió a evidenciarse en 1957, lo que dio lugar a lo que Gabriel García Marquez llamó "Historia íntima de una manifestación de 400 horas" 110, una protesta para impedir que algo así ocurriera. Pese a haberse logrado la conexión vial carreteable primero con Medellín y posteriormente con el resto del país, el proceso de aislamiento y distanciamiento ha sido cada día mayor. Lo que Valois Arce señaló como el estado previo a la declaratoria como intendencia, "se podría asegurar que se repitió en el período departamental: antes el Chocó asistía puntualmente a los movimientos cívicos de la nacionalidad. Ahora empieza a llegar tarde a todo, parecería como si las distancias se hubieran duplicado y Colombia estuviera más alejada del Chocó" 111. Una realidad también geográfica, dicho con frase de García Marquez en 1957: "hoy es tan difícil ir a Quibdó como hace 200 años" 112. La segunda mitad del siglo XX esta marcada por un proceso que condujo a una visión diametralmente opuesta a la imperante en la primera mitad del siglo. Amojona el punto de partida de este período el llamado Simposio de Zonas Tropicales Húmedas, realizado en la ciudad de Quibdó entre el 19 y el 30 de marzo de 1958, por iniciativa de Enrique Pérez Arbeláez. Allí importantes científicos como Robert West 113, Luis Duque Gómez 114, Ernesto Guhl 115, Virginia Gutiérre z116, Roberto Pineda, José Cuatrecasas 117, Orlando Fals Borda 118, dieron a conocer las investigaciones que habían realizado sobre la minería, la familia, la flora, la vegetación, la vivienda, etcétera, un primer indicador de la diversidad biológica, ecológica y cultural 119. Los trabajos de Leslie R. Holdridge, iniciados con "Formaciones vegetales del mundo" en 1947, que descartando el énfasis vegetal culminaron en el denominado "Sistema ecológico de las zonas de vida" 120, fueron una nueva manera de cartografiar, a partir de la interpretación y clasificación del medio ambiente, la vegetación y el uso de la tierra; lo cual se empezó a poner en práctica en Colombia desde 1960, teniendo como punto de referencia importante las selvas chocoanas, donde por primera vez entró Holdridge en contacto con la selva pluvial tropical, algo que sólo conocía en teoría 121. En los años setenta y ochenta se patentiza el reconocimiento de la enorme biodiversidad del Chocó, producto de las investigaciones de instituciones nacionales y extranjeras que dan cuenta de la flora, la vegetación, la fauna, los recursos genéticos, las particularidades ambientales y culturales, que aunado a los nuevos conceptos impulsados desde la década del setenta del desarrollo sostenible o sustentable y a la revalorización de los activos biológicos, determinan otra mirada al Chocó, ya no del territorio de inmensas riquezas inexplotadas sino la de una biodiversidad amenazada. Mapa 57. Mapa de comunicaciones interoceánicas por el Napipí y conexiones del Atrato con la Provincia de Antioquia Especialmente los estudios del norteamericano Alwyn H. Gentry, que, desde sus estudios de los años ochenta, dio cuenta de las particularidades de alto endemismo y gran diversidad, por lo que, como él mismo dice, "el Chocó se ubica en el centro de la creciente preocupación en torno a la conservación de la biodiversidad del planeta. Mas aún, en la medida en que la biodiversidad se traduzca en un patrimonio económico directo, una parte significativa del capital mundial de la biodiversidad, puede residir en las plantas endémicas de los bosques del Chocó" 122. Pero estos rasgos de singularidad eran compartidos con la región Pacífica colombiana, dominada por la selva húmeda tropical, por lo que el nombre del Chocó derivó de la estricta asignación a un departamento para extenderse a una región biogeográfica que va desde el sur de Panamá al norte del Ecuador y comprende 83 municipios de 7 departamentos: Antioquia, Cauca, Córdoba, Chocó, Nariño, Risaralda y Valle, con 11 ecosistemas y 15 unidades biogeográficas.
La nueva interpretación del territorio, que se adentra y ausculta con mayor detalle en sus componentes ambientales, ecológicos y culturales, esto es, una profundización en su interioridad, implicó un nuevo ordenamiento y otra forma de representación cartográfica, desde las diversas formas de mirarlo e interpretarlo por los saberes. Esta cartografía forma parte de lo que el editor Pablo Leyva llamó un "congreso imaginario", dos tomos del libro Colombia Pacífico, que no es la culminación sino la afirmación del proceso recorrido desde el simposio de Quibdó en 1958. En ese período se creó la Corporación Nacional para el Desarrollo del Chocó, que va a participar con desigual fortuna en la búsqueda del nuevo enfoque del desarrollo. Creada en 1968, pero que empezó a operar en 1969, para adelantar la reconstrucción de Quibdó, posterior al incendio de 1966, debió acometer después la reconstrucción de Bahía Solano, proyectos de carreteras, hidroeléctricas, navegación, puertos, como también estudios y cartografía del Chocó, de la que se carecía en grande y necesaria medida para todos los proyectos que debían emprenderse. En los últimos años el proceso de mayor importancia, y que tiene una influencia directa sobre los cambios en el interior del territorio, se relaciona con la ley 70, o de negritudes, firmada en 1992 en Quibdó. Esta ley planteó la legalización de las tierras de las comunidades negras del Pacífico colombiano, de acuerdo con sus costumbres ancestrales. Este hecho implica la territorialización de las comunidades negras y la definición de las fronteras internas con otros grupos culturales, como las comunidades indígenas o los grupos de colonos mestizos en todo el departamento. Es importante hacer resaltar que la nueva concepción del desarrollo humano sostenible se ha impuesto y ha sido recogida por las organizaciones populares y ciertos sectores dirigentes del Chocó, que se oponen a la visión desarrollista de la primera mitad del siglo. Esto condujo a nuevas miradas sobre la geografía y sobre el territorio, en las que la biodiversidad desempeña un papel fundamental. Las limitaciones a la explotación de los recursos mineros y maderables, por un lado, y la investigación de la selva húmeda tropical, con sus inestimables recursos genéticos, por otro, hicieron de éste un período de sustanciosos estudios, con una cartografía especializada.
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