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La cartografía del siglo XX. El conocimiento interior A principios del siglo la silueta del Chocó aún no se definía; es sugerente que en el plano nacional no se tenga una idea clara de cómo es el Chocó. En el Atlas completo de geografía colombiana de Francisco Javier Vergara y Velasco, publicado en 1906 en Bogotá 123, el Chocó no aparece como una porción territorial definida; los litorales, conforme al propósito de la obra, estan incluidos en los mapas de los litorales colombianos. Adicionalmente aparecen dos mapas específicos sobre el Chocó, uno de la región central y otro denominado la región del platino; en este último, aparece la cordillera occidental como cordillera del Chocó. Entre 1906 y 1910, el general Vergara y Velasco publicó en siete entregas su Atlas completo de geografía colombiana, mas algunos planos sueltos; uno de ellos fue en la edición de 1910, en el que publicó la división político-administrativa de Colombia, definida en la administración de Rafael Reyes, pero que ya había desaparecido nuevamente. Así, en este mapa realizado en 1906 por el mismo grabador de los anteriores, don Antonio María Madera, muestra al departamento de Quibdó limitando con los departamentos de Antioquia, Jericó, Buga y Cali. El anterior mapa y el que aparece en el libro La République de Colombie de Henry Jalhay, publicado en Bruselas en 1909 124, donde también aparece el departamento de Quibdó, son dos documentos históricos de ese efímero momento de la departamentalización en el primer decenio del siglo XX, aunque sus límites seguían siendo bastante imprecisos. Sólo en 1928, cuando la Oficina de Longitudes del Ministerio de Relaciones Exteriores, oficina creada en 1902 para proseguir la labor de la Comisión Corográfica, produjo la carta geográfica de la intendencia, se tiene por parte de las entidades nacionales un primer mapa oficial del Chocó con sus límites oficiales, para lo cual se trasladaron al Chocó Tomás Aparicio y Justino Garavito, en donde estuvieron en enero de 1922, haciendo las respectivas observaciones para la carta 125. En realidad, no era el primer mapa sobre la intendencia, puesto que existía uno previo, realizado en 1907 e impreso en la Litografía Nacional de Bogotá: Mapa del territorio de la intendencia del Chocó, pero era para señalar las áreas auríferas y sobre todo las platiníferas, con énfasis en los ríos, un mapa si se quiere obvio, que respondía al interés fundamental por conocer los territorios donde se podían explotar los yacimientos, única razón para muchos de conocer estos territorios. Con la creación de la intendencia del Chocó, el gobierno de Rafael Reyes impulsó las obras de infraestructura vial; vale decir, la de los caminos. Para ello la intendencia contó con el concurso de ingenieros como el chocoano Rodolfo Castro Baldrich, el catalan Luis Llach Llagostera y el antioqueño de origen inglés Roberto J. White, quienes realizaron una intensa labor de cartografía para definir los trazados de las vías, que después ellos mismos convertirían en carreteras en el decenio del veinte. En conjunto producen la primera cartografía del Chocó -desde el Chocó-, con la característica de que muchos de estos informes, además del trazado vial, estaban acompañados de interesantes anotaciones del recorrido, entre los que se incluían la fauna, la flora y un reconocimiento de la geografía particular de cada subregión. Castro Baldrich fue director de obras públicas en diferentes períodos e ingeniero jefe del camino de Quibdó a Bolívar (camino de Antioquia); además participó en dos comisiones que tuvieron que ver con la definición de los límites con Panamá. La primera vez como ingeniero de la comisión al mando del general Justiniano Jaramillo, iniciada el 28 de septiembre de 1909, ordenada por el Ministerio de Guerra, con el fin de aclarar un problema de límites en el río La Miel (municipio de Acandí), con el cual perdía Colombia 10 kilómetros con el país vecino 126. La segunda en una comisión especial, esta vez como jefe de la misma, ordenada también por el Ministerio de Guerra a las regiones de Salaquí y Cacarica y las áreas limítrofes con Panamá, con el fin de establecer la situación allí. Estos hechos empezaron, por un lado, a determinar la frontera colombiana con Panamá y por el otro a configurar por el norte el perfil definitivo del Chocó 127. Las comisiones tenían el propósito de establecer los límites precisos, elaborando los levantamientos cartograficos, en el primer caso en el Caribe -mapa del Distrito de Acandí y límite oriental con Panamá- y en el segundo sobre la costa Pacífica, lo cual hizo y consignó en cartas geográficas que se anexaron en los informes. En el segundo informe planteó el vacío geográfico que se llenaba con la descripción de esta región, por las deficiencias que existían, según él, en las cartas construidas tanto por el gobierno nacional como por los gobiernos extranjeros "avidos de este género de informaciones; basta comparar el mapa que tengo honor de adjuntar, con los más completos conocidos, para conocer que sólo hoy tiene el país una noción clara de la región importantísima que le sigue en parte del límite oriental a Panamá y de la rica comarca que pretendió el Departamento rebelde cuando ordenó a los ingenieros Ramón Valdés y An. Villareal el arreglo de cartas geográficas para la enseñanza en las escuelas panameñas, mapas que extienden sus limites hasta mas al Sur de Cabo Marzo" 128 Después de las Comisiones siguió el tratado Urrutia-Thompson, en 1914, y el tratado de límites Vélez-Victoria, en 1934, culminando en 1937 con la demarcación por parte de la comisión mixta demarcadora de límites entre Panamá y Colombia en 1937. Esta comisión se fundamentó en todos los documentos previos existentes, entre los cuales se señalan los de la comisión del general Jaramillo en 1909, para realizar el cometido y producir la cartografía que definió el límite chocoano y colombiano con Panamá. Mientras tanto Llach Llagostera, que también fue director de Obras Públicas, durante su permanencia en los dos períodos que vivió en el Chocó -1906 a 1908 y 1920 a 1926- dibujó gran cantidad de mapas y planos de caminos, diseños urbanos, como el ensanche de Quibdó y de varias edificaciones representativas, con una calidad gráfica extraordinaria. A Llach le cabe el honor de haber elaborado, entre 1908 y 1909, si no el primero, uno de los primeros mapas del Chocó, utilizado como base cartográfica para posteriores reclamaciones de títulos de minas. Este mapa lo perfeccionó en su segundo período cuando, en 1921, lo presentó, "sin duda el mas completo e instructivo que hasta ahora se conoce de nuestra tierruca" 129, al parecer de los redactores del periódico La Aurora, quienes pedían que se ordenase la reproducción con el fin de que figurara en todas las escuelas, las oficinas y aun en las viviendas. Roberto J. White, quien estuvo durante mas de 20 años en el Chocó, fue también director de Obras Públicas. Inició el camino de Antioquia bajo su dirección y realizó el primer mapa vial del Chocó. Publicó varios informes sobre los caminos del Chocó en 1909, y también informes geograficos como los de las hoyas de los ríos Atrato y Baudó en 1920, entre otros de carácter geológico. Continuó una labor que habían empezado su padre y su tío, quienes estuvieron adelantando estudios geológicos en el siglo XIX con miras a posibles explotaciones mineras. Mientras tanto, los nuevos intelectuales y la clase dirigente intentaban comprender su realidad geográfica e histórica, como una manera ideal de erigir la identidad territorial. A su acción política de construir una iconografía chocoana, tomando como referente los hombres que participaron en las gestas libertadoras en el Chocó, o los hombres destacados del siglo anterior, como Tomas Pérez y César Conto, para sólo designar dos, le acompañó un impulso por escribir la historia y describir la geografía de la región. En los primeros decenios del siglo XX, fueron varios los autores que acometieron la labor de publicar textos de historia y de geografía del Chocó, como las Nociones de geografía e historia del Chocó de Francisco Córdoba. Todas ellas buscan captar el Chocó que bullía en ese momento lleno de riquezas y de potencialidades; por eso estos textos son un compendio que quiere mostrar lo mejor pero son carentes de análisis críticos. Son demasiado genéricos y apoyados en los trabajos geográficos de Codazzi y en la historia de Henao y Arrubla. Corresponde a este período la labor adelantada por la nueva generación de intelectuales universitarios, especialmente quienes estudiaban en la célebre Escuela de Minas de la ciudad de Medellín. El carácter de la formación impartida en esta escuela, su profesionalización en ingeniería y la concepción chocoanista, se reflejaron en una serie de propuestas que tenían la particularidad de darle un matiz científico a lo que venían proponiendo desde años atras y de manera intuitiva algunos dirigentes políticos. Un espacio que permitió el conocimiento de estas propuestas, muchas de ellas como parte de las materias de estudios, fue Dyna, la revista de los estudiantes de la Escuela de Minas 130. Después de una excursión al Chocó en 1934, dirigida por el profesor Roberto Wokitel, se publicó un número especial con algunas de las propuestas que el intelectual chocoano Reinaldo Valencia había publicado en el periódico A.B.C., los análisis del sistema monetario y la monografía general del Chocó escritos por Lisandro Mosquera, y los informes escritos por los estudiantes excursionistas, como el informe geológico del camino Bolívar-Quibdó, un análisis del plan vial para el Chocó, acompañados de los respectivos gráficos y también de la cartografía respectiva, realizado por los estudiantes. A finales de los años veinte y durante el decenio del treinta es cuando con mas profusión se dan las propuestas de vías de comunicación, como los cables aéreos, las carreteras nacionales y la panamericana, los ferrocarriles y, nuevamente, el canal interoceánico por el Chocó. De todos los proyectos se hicieron estudios, trazos y gran cantidad de cartografía. Algunas de las obras se iniciaron pero no todas culminaron, como fue el caso del trazado de la carretera Nóvita-Cartago, realizado por la empresa alemana Schinglener & Hugo, que aún hoy no se ha culminado. Como curiosidad puede verse en los mapas producidos en la época y publicados en la revista Dyna o en la Geografía de Colombia de Agustín Llanos Callejas de 1934, cómo se daban por hechos proyectos como las carreteras o como el cable aéreo Bolombolo-Bahía Solano, impulsado éste por Antioquia y ordenado por la Asamblea en 1926 131, o el de Manizales, que se ordenó por ley 9a. de 1923, y el mismo gobierno firmó un contrato de construcción con el departamento de Caldas en junio de 1926, para el cual fue nombrado como primer gerente Aquilino Villegas ese año 132 y cuyo diseño y planos hizo el ingeniero Jaime Lindsay. Había un interés grande de los departamentos del interior del país por tener salidas al Pacífico y al Atlántico por el Chocó, para impulsar las exportaciones -primordialmente de café-, por el ahorro de tiempo y dinero que esto significaba, lo que nunca se llegó a concretar en obras mas sí en numerosos estudios. La discusión sobre el tema del canal tuvo su renacimiento por el supuesto fracaso del canal de Panamá primero y después por la necesidad de redimir al Chocó, desempolvandose viejos debates y trazados e impulsando la elaboración de otros nuevos a través del Chocó, con énfasis en la vía Atrato-Napipí. La cartografía de los canales se pone de moda pero la mayoría de las veces en abstracciones muy generales y sobre mapas antiguos sin precisiones geográficas. No se puede soslayar la importante labor cartográfica que adelantó la comunidad de misioneros claretianos, quienes habían llegado desde 1909 al Chocó, para tomar el mando de la Prefectura Apostólica creada en el gobierno de Reyes. Su actividad misional los condujo por los lugares mas apartados y olvidados de la geografía, donde a la par de su actividad religiosa y educativa adelantaron una labor etnográfica que plasmaron en sus diferentes informes y en la recolección de muestras, objetos, fotografías, etcétera, que enviaron a Roma y España. Este reconocimiento del territorio les permitió no sólo fundar pueblos sino dejarlos referenciados en una cartografía, la cual señalan ellos mismos como una contribución a "la cultura con levantamientos de Mapas de la región chocoana" 133. El cartógrafo de la comunidad claretiana chocoana fue el padre Francisco Onetti, un español que llegó en 1918 al Chocó, donde elaboró mapas como el del Alto Andagueda y la Región del Chamí, del río Napipí; en éste incluyó la posible ruta del canal interoceánico Napipí-Antadó (afluentes del Atrato) y Limón -Cupica- (afluente al Pacífico) o el de la costa Pacífica que fechó en 1929 y para el que realizó siete excursiones entre los años 1920 y 1927 134. La culminación de estas búsquedas de mirada al interior, de autorreconocimiento y de dimensionamiento y comprensión de un ser histórico y geográfico, en esta primera mitad del siglo, se logra con la realización del tomo VI de la Geografía económica de Colombia, realizado por la Contraloría General de la República, dedicado al Chocó. Se podría decir que el equipo conformado por el chocoano Sergio Abadía Arango, contralor general de la república, en pequeña escala es una especie de Comisión Corográfica del Chocó. La comisión encargada de la redacción tenía como director a Salomón Salazar Guzmán y como subdirector a Eduardo Acevedo Latorre, quien además fue el encargado de los aspectos físicos. El cartógrafo Carlos Valdeblanquez, junto con el dibujante Tulio Nel Ospina, fueron quienes se encargaron de la elaboración de los distintos gráficos, mapas y croquis de la misma 135. Esta nueva geografía contempla una gran cantidad de cartografía que por primera vez se acerca a las particularidades del Chocó, como es el caso de los trece municipios y de algunas areas urbanas; o la cartografía temática (mapa sanitario, división política, vivienda, etcétera). Se compendia, además, mucha de la cartografía producida con anterioridad por otras instituciones o por otros estudios, aunque mejorando su presentación, como por ejemplo los trazados viales o las propuestas de canales, y se reproduce cartografía como la de Ciudad Mutis (del Ministerio de Obras Públicas) o de Quibdó, elaborada por la Secretaría de Obras de la intendencia. También es de resaltar el aporte fotográfico realizado por Rengifo, que viene a ser para la geografía lo que fueron las acuarelas de Manuel María Paz para la comisión de Codazzi, la descripción etnográfica de la intendencia en el siglo XX. Este compendio histórico-geográfico, con todas las críticas que pueda recibir en la actualidad, como ser señalado de racista y colonialista 136, no encontró émulo por casi cincuenta años, hasta el punto de que muchos de los textos de geografía o historia de ahora son burdas copias simplificadas de esta obra fundamental en describir el Chocó en concordancia con lo que se pensaba en ese momento histórico. Las obras de caracter minero, geológico, etnográfico y geográfico escritas sobre el Chocó incluyeron interesantes mapas. Por ejemplo, Jorge Álvarez Lleras incluyó un Mapa de la región del Chocó, que manifiesta la localización de algunas poblaciones, de los ríos principales y de las rutas interoceánicas, cuyo nombre lo dice todo 137. Mendoza Nieto publicó en la Geografía ilustrada del Chocó de 1942 un mapa de la Intendencia nacional del Chocó en el cual se incluyen los límites por primera vez 138. El informe de la Comisión Minera del Chocó en 1929 incluyó cuatro mapas: Distrito del Baudó, Distrito de Condoto, Distrito de Quibdó y el de los distritos de Urrao y Frontino con toda la zona limítrofe de la intendencia. Los cuatro mapas fueron elaborados por Enrique White Uribe, ingeniero director de la Comisión, del cual aparece la firma en los mismos planos como H. E. White, los que se constituyeron en un notable avance en el conocimiento topográfico del territorio que sirvió muy seguramente a la Oficina de Longitudes para mejorar el plano de la intendencia, pues incluyeron nuevas mediciones altimétricas y enviaron a dicha oficina planos del Baudó, pensando que le eran de utilidad, "tanto mas cuanto que esa entidad oficial debería tomar copia exacta del citado plano", especialmente en la parte del río Atrato a Bahía Solano, ya que White, aparte de los nuevos levantamientos, había participado como ingeniero primer ayudante del contratista del cable aéreo de Bolombolo al Pacífico, H. S. Taylor 139. Recogiendo información basica de la Geografía económica, con la dirección del ingeniero Pablo Emilio Cabrera B., en 1955 se publicó un interesante Mapa Vial del Chocó, por orden del ministro de Obras Públicas, contraalmirante Rubén Darío Piedrahíta, que podría ser el compendio de los deseos plasmados en plano pero nunca concretados en obras, un resumen de los sueños de la clase dirigente local y de las promesas de los gobiernos nacionales en la primera mitad del siglo XX. Se podría decir como García Marquez, refiriéndose a la carretera Medellín-Quibdó en 1957, que esto era "pura especulación cartográfica" 140. Los intereses extranjeros, especialmente los norteamericanos, primero por el posible canal interoceánico y después por las riquezas genéticas, en razón de la biodiversidad de las selvas chocoanas, han hecho que los estudios de éstos y el conocimiento cartográfico sean de mayor precisión que los realizados por la institución colombiana, acudiendo en los últimos decenios a la tecnología satelital, para estudiar sectores específicos y escudriñar el interior chocoano. No en vano Enrique Pérez Arbelaez, haciendo un balance cartográfico de la geomorfología del Chocó en 1964, señalaba que las empresas petroleras, especialmente la Richmond Petroleum Company 141, habían elaborado mapas apoyados en levantamientos terrestres, sobre todo en el sector occidental comprendido entre las calles de los ríos Atrato y San Juan, pero que las mejores cartas eran las dibujadas a base de mosaicos en el Special Report of the Governor of the Panamá Canal on the Atrato-Truandó Canal Route. Under Public Law 280, 79th Congress 1rst. Section, s/1, en el año 1949142. Otro ejemplo de ello es el paquete de mapas topograficos de la zona Atrato-Truandó presentado por el gobierno de los Estados Unidos al de Colombia en 1965, realizado por el Servicio Geografico Interamericano e impreso en el Army Map Service, Corp of Engineers, un paquete de 20 planchas en escala 1:50.000 de esa zona. Desde los años cincuenta la cartografía, en términos generales, esta centralizada en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, creado en 1950. En la década del sesenta este instituto elaboró el mapa mas preciso de los departamentos de Colombia, especialmente del occidente colombiano, entre ellos el del Chocó, ya que hasta el momento funcionaba con una cartografía pobre, tomada del Servicio Geodésico Americano y del Dane. Pero con esta nueva cartografía como base se dio inicio a los mapas tematicos: geología, suelos, geografía física y la denominada ecología vegetal. Cabe destacar la cartografía de los sistemas ecológicos de las zonas de vida propuestos por Holdridge. Este sistema comenzó a aplicarse en Colombia desde 1960, cuando en un seminario en Medellín se dieron las bases, siguió con un trabajo de campo por dos años, en donde el Chocó, por lo interesante del denominado bosque pluvial tropical, fue recorrido por César Pérez, Sigifredo Espinal y Elmo Montenegro, quienes desarrollaron y aplicaron el sistema, fundamentando el nuevo mapa ecológico de Colombia, que publicó el Instituto Geográfico Agustín Codazzi en 1962 en escala 1:1.000.000 143, sobre el cual se harían futuras correcciones y ampliaciones de escala, publicados en los sucesivos atlas de Colombia. Posteriormente, Joseph A. Tosi amplió la escala para zonificar el delta del Atrato hasta Riosucio, como consultor de un proyecto de planificación del Darién. En este nuevo período de producción cartográfica, la biodiversidad del Chocó era un atractivo fundamental, y de ahí que el primer mapa pretendido de los bosques del país se hiciera en el parque de los Katíos, proyecto que después del trabajo de campo no fue aprobado, pero señaló el precedente en Colombia 144. Se debe anotar cómo la entonces recién creada Corporación Nacional para el Desarrollo del Chocó, en 1970 negoció y firmó un acuerdo con las Naciones Unidas para elaborar con el Instituto Geográfico Agustín Codazzi los primeros mapas del Chocó con base fotogramétrica y curvas de nivel. Además publicó el mapa del Chocó 1:500.000, la base cartográfica más importante realizada por el IGAC, lo mismo que los mapas 1:100.000 y 1:25.000 el año de 1971 145, algo de lo cual se carecía y que le dio solidez a los mapas temáticos posteriores. El cambio de perspectiva en el estudio, análisis y compresión del Chocó, que condujo a la ya mencionada extensión del topónimo a la región biogeográfica, esta sintetizado en los dos tomos llamados Colombia Pacífico, publicados en 1993 por el Fondo para la Protección del Medio Ambiente José Celestino Mutis, con el auspicio del proyecto Biopacífico. Esta publicación, que no es el resultado de una investigación específica, sino el de muy variadas investigaciones realizadas por científicos, intelectuales y organizaciones comunitarias, en años previos, para muy diversas instituciones, cumple el papel, aunque con otro rigor, otros enfoques, nuevas metodologías y obviamente salvando las distancias en tiempo, que cumplieron en su momento las publicaciones de la Comisión Corográfica y de la Geografía Económica de Colombia, dedicada al Chocó, para dar cuenta ya no de las riquezas o recursos naturales, sino de la enorme diversidad. La cartografía ocupa allí un papel primordial, al lado de la fotografía, reconocido por el mismo editor de los libros, Pablo Leyva, quien lo hace resaltar en la presentación del libro: "Para que los mapas sean, como en Gabriel García Marquez, mas permanentes; vale decir, los de la cultura donde las coordenadas son las del realismo fantastico" 146. La mayoría de la cartografía tiene como base los mapas oficiales del Instituto Geográfico Agustín Codazzi sobre los cuales esta vaciada la información de las investigaciones, para configurar los mapas temáticos de: geología, geomorfología, hidrología, climatología, suelos, zonas de vida, lingüísticos y de ordenamiento territorial. Obviamente, recoger la totalidad de lo investigado y producido en tantos años es imposible, pues son múltiples las investigaciones que han dejado una buena documentación cartográfica. Basta señalar la producida dentro del proyecto de Desarrollo Integral Agrícola Rural (Diar), un proyecto colombo holandés de asistencia técnica iniciado en el año 1979, que, aparte de la importancia en términos de organización comunitaria o de sus resultados específicos, elaboró mapas para dar cuenta de lo que llamaron determinantes intrínsecos; es decir, las condiciones materiales biofísicas de la región natural del río Atrato y parte del Darién. En casos como los trabajos investigativos de Jacques Aprile Gniset y Gilma Mosquera, que recogen datos de algunas de las investigaciones presentadas en el simposio de 1958, mas las investigaciones propias y lo que ellas reafirman del dialogo de saberes con la comunidad, donde se combinan las dos formas de representar, dejan como resultado una aproximación a los sistemas de poblamiento de los ríos del Pacífico, los denominados sistemas comarcales de habitat rural y el urbanismo aldeano, en un gran número de mapas y planos que dan cuenta de una geografía olvidada durante siglos y ahora con una representación cartográfica aldeana y fluvial 147. Igualmente en los dos últimos decenios, es importante destacar cómo la representación cartográfica oficial es criticada por los nuevos procesos, pues aquellas se alejan de la realidad de las dinamicas sociales que actúan en el territorio. Mediante talleres comunitarios e investigaciones y planificación participativas, como la señalada anteriormente, las comunidades comienzan a representar objetivamente su territorio para superponerlo a la representación oficial. Esta cartografía, denominada cartografía social, lo que hace es una geografía de la percepción que permite una aprehensión del territorio, un redimensionamiento de su entorno, la definición de unos límites y sobre todo un diagnóstico de su realidad ambiental y la valoración de su biodiversidad, que no se había representado objetivamente hasta ese momento. Estas representaciones y formas de percibir el espacio como una forma de apropiación son de alguna manera analogas a lo sucedido hace 400 años, cuando se hicieron los primeros mapas del Chocó y se iniciaba la exploración del territorio, sólo que ahora hay un redescubrimiento desde el entorno inmediato, obediente al alma de los lugares.
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