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La producción agrícola y pecuaria Si bien existe poca información actualizada, la información disponible plantea que el área total dedicada a las actividades agropecuarias es reducida, ya que se estima que casi el 60% del territorio en explotación se dedica a las actividades de minería y explotación forestal. El Departamento Nacional de Planeación calculaba que hace diez años cerca del 42% de la tierra se dedicaba a la agricultura. Desde entonces la frontera agrícola se ha expandido especialmente al norte y nororiente, pero aún predominan la minería y la explotación forestal. Los productos agrícolas principales son el plátano, el arroz, la caña, el maíz y el banano. Otros productos menores son frutales como el borojó y el chontaduro. Desde el punto de vista del volumen de la produccción, el plátano ocupa el primer lugar. Le siguen la yuca, el arroz secano y la caña panelera. Por superficie sembrada el maíz tradicional es el producto más importante. Quibdó sirve como centro de acopio y exportación de productos agrícolas hacia fuera del departamento y hacia otros municipios de la región. Este papel está dado tanto por ser puerto fluvial, como por su conexión con las principales vías terrestres del departamento: Quibdó-Medellín; Quibdó-Tadó-Pereira; Quibdó-Istmina-Condoto. Aunque Quibdó es el centro comercial más importante del departamento, cabe destacar a los municipios de Istmina y Tadó como centros subregionales. Es indudable que el producto con mayor circulación dentro del departamento es el plátano, alimento básico en la dieta diaria y a la vez es el que más se exporta; le sigue el arroz que se produce en el medio Atrato y especialmente en el alto y bajo Baudó, con limitadas condiciones técnicas. Los municipios de Riosucio, Acandí, Unguía y San José del Palmar muestran una tendencia mayor a la exportación, en vez de abastecer mercados internos. Ello refleja tanto las limitaciones de la conexión vial, especialmente con San José del Palmar, como la importancia que tiene la actividad agrícola en la zona del Urabá chocoano. En contraste, los municipios de Alto Baudó, Istmina y Bojayá tienen mayores niveles de comercio con otros municipios del Chocó. En San José del Palmar y El Carmen de Atrato tienen relativa importancia las hortalizas y el café. Aunque no hay datos precisos para estos dos municipios, se considera que El Carmen comercia básicamente con Bolívar (Antioquia) y Quibdó y San José del Palmar con Cartago (Valle). San José no tiene ninguna vía que lo conecte con el resto del departamento, como ya se ha dicho. La ganadería en el departamento se limita básicamente a satisfacer el consumo local. Las zonas más ganaderas son los municipios de influencia colonizadora, como Acandí, Unguía, Riosucio, El Carmen de Atrato y San José del Palmar. La ganadería se ubica básicamente en la región del Urabá chocoano y en el sur-oriente del departamento. En el Urabá, los colonos iniciales fueron reemplazados por grandes ganaderos, por lo general propietarios ausentistas; los pastos rodean los resguardos indígenas y desplazaron a los campesinos negros. Durante años los indígenas y la población negra utilizaron la caza tradicional para el consumo familiar; el venado, la guagua, el perico, el saíno, hoy agotados en las selvas chocoanas, proveían de proteína animal a las familias asentadas en el sector rural. La explotación intensiva, la introducción de nuevas tecnologías y la falta de políticas sobre manejo y conservación de estos recursos, llevaron al ecocidio faunístico de especies propias y la dependencia de la ganadería. Desde el punto de vista jurídico, la mayor parte de las tierras cultivadas están cubiertas por la reserva forestal del Pacífico, lo cual implica limitaciones para su titulación. Este hecho fue manejado mediante canales tradicionales de reconocimiento y legitimación de la apropiación y de la propiedad territorial entre las familias negras y entre los indígenas y no estuvo exento de conflictos y roces, especialmente en áreas colindantes. Paulatinamente se presentaron presiones para levantar áreas de reserva, bien con destino a nuevas zonas de colonización (Urabá chocoano especialmente y alrededores de poblados costeros), bien para los indígenas, bajo la forma de resguardos o reservas especiales. Los campesinos negros presenciaron la conformación de nuevos derechos, unos individuales, otros colectivos, que modificaron los acuerdos de la tradición y no los tomaban en cuenta. Algunas organizaciones populares, ACIA (1) y OBAPO (2), y otros activistas negros, intentaron que la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 considerara la necesidad de reglamentar los derechos territoriales de los campesinos negros y los tomaran como grupo étnico cultural. Después de numerosas discusiones obtuvieron el artículo transitorio 55. El artículo consideró la necesidad de reglamentar dichos derechos para los habitantes rurales ribereños de los ríos de la cuenca del Pacífico; para ello se creó una Comisión Especial, con participación de entidades del gobierno, delegados de las comunidades negras del Pacífico, algunos políticos y expertos en el tema. Esta comisión, después de un arduo trabajo, propuso la ley que reglamentó el artículo transitorio, la ley 70 de 1993. Nuevas comisiones deberán dar forma a los derechos territoriales y a las garantías de respeto étnico cultural y el acceso a mecanismos de fomento social y económico. Es claro, sin embargo, que el desarrollo agropecuario del Chocó, por su biodiversidad y por la fragilidad del suelo, debe estar supeditado a determinadas áreas. El Chocó no tiene definitivamente una vocación agropecuaria y la expansión de esta frontera va en detrimento del equilibrio ecológico y fundamentalmente de las culturas rurales afro y amerindias. Está vigente la pregunta sobre cómo puede llegarse a un nuevo balance dados los cambios en las formas de apropiación territorial, en los equilibrios interétnicos de distribución territorial, en los modelos de explotación agrícola y frente al uso no destructivo de la biodiversidad.
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