|
La pesca artesanal El Chocó, por su posición geográfica y su biodiversidad en el ecosistema, tiene tanto en sus ríos como en las costas, un enorme recurso pesquero. El litoral Pacífico chocoano es la zona de gran potencialidad para la captura, comercialización y procesamiento de productos marinos. La Costa Pacífica chocoana, según Takahisa Mituhasi, tiene una extensión aproximada de 650 kilómetros sobre el mar y se divide en dos partes: la parte sur, desde el límite con el departamento del Valle hasta el Cabo Corrientes y la parte norte, desde éste hasta la frontera con Panamá. La parte sur se caracteriza por la selva del mangle y los esteros; la plataforma continental es estrecha y los pueblos están asentados en las bocas del río y de los esteros. En la parte norte, el fondo marino presenta un declive abrupto y la montaña se aproxima a la orilla del mar; las comunidades se asientan principalmente en las playas (Takahisa, 1992). A lo largo de la zona costera del Pacífico chocoano hay unas sesenta comunidades con aproximadamente 900 pescadores profesionales de pequeña escala, según Takahisa: "la forma de pesca es principalmente individual, existen muy pocos grupos y asociaciones de pescadores. Los aparejos utilizados son también en pequeña escala" (Ibid: 10). Los aparejos y métodos de pesca se clasifican en tres categorías: pesca con anzuelo, pesca con red y pesca con otros instrumentos. Cada uno tiene sus técnicas y objetivos propios. La introducción de materiales pesqueros como el nylon o el paño de red, si bien están difundidos, son caros para los pescadores artesanales. Dice Takahisa que "La mayoría de los pescadores se dedican a sus actividades de pesca en lugares cercanos al pueblo. Una parte de ellos salen a pescar lejos, en grupo, y realizan su actividad mientras se encuentran hospedados en pueblos cercanos al sitio de pesca. El esfuerzo pesquero está concentrado en los peces bentónicos de carne blanca. La capacidad de las embarcaciones utilizadas está haciendo muy limitados los sitios para las faenas destinadas a la captura de los peces bentónicos" (Takahisa, 1992: 15-17). Dicha tendencia hace que los pescadores en la actualidad se alejen más y más de las comunidades para realizar su faena, elevando los costos del transporte y de la actividad. Los buques arrastraderos de la pesca comercial hacen su faena en alta mar y a veces cerca de la costa; botan al mar los peces no aprovechados y causan el agotamiento de recursos pesqueros en la zona. Por ello y por la falta de recursos tecnológicos para la conservación y manejo del pescado y demás productos marinos, la actividad pesquera es de consumo familiar y los excedentes son para la comercialización local y eventualmente se llevan a Buenaventura y Quibdó. Para la conservación del producto utilizan la técnica del secado al sol y el ahumado; en unos pocos sitios existen cuartos fríos y cavas de hielo donde se almacena el pescado para comercializar. En general, el proceso de conservación es un cuello de botella para el pescador artesanal que no puede utilizar la técnica de congelación del producto fresco, pues carece de los recursos financieros y tecnológicos que se lo permitan. La comercialización se realiza por vía aérea hacia Bahía Solano y Nuquí o por el mar hacia Buenaventura. En general, tanto para el norte como para el sur, los intermediarios son quienes se encargan de la comercialización del pescado, sobre todo el de carne blanca, y el de los camarones. Los precios de compra son muy bajos. Los intermediarios suelen hacer el negocio al fiado con los pescadores artesanales y les proporcionan facilidad para los aparejos de pesca, combustible, hielo y medios de subsistencia. En varias comunidades se produce pescado seco salado y ahumado para autoconsumo o la venta en los mercados locales. Los pescados salados y ahumados son parte de las comidas típicas, con variedad de preparaciones locales. Desde hace algunos años se intenta, aún débilmente, la producción de enlatados (Nuquí) y precocidos con destino al interior. Las comunidades asentadas en los ríos Atrato y Baudó y en el San Juan, utilizan las viejas técnicas de salado, ahumado y secado al sol y buena parte de la producción se consume localmente. La hoya del río Atrato en la parte media y baja es la más rica y abundante en especies tales como bocachico, sabaletas, bagre, dentón, sábalo, barbudo. El río Baudó también tiene recursos pesqueros considerables. Para el río San Juan es interesante resaltar los estudios que indican que el río no tiene los nutrientes necesarios para albergar una abundante fauna acuática que sirva de alimento a los peces del sistema hídrico. Es probable que la alta concentración de sólidos en suspensión, como consecuencia de la actividad minera, sea un factor que aleje los peces de la zona. Otro factor que puede afectar la abundancia de la ictiofauna, es la introducción del tucunare (cichla ocellaris), pez carnívoro de la cuenca amazónica traído hace aproximadamente 20 años; este pez pudo depredar a las especies del río San Juan, muchas de ellas endémicas (SER, 1991). El estudio del Instituto SER sobre impacto de la minería plantea que "las acciones desarrolladas por la minería industrial que producen impactos adversos de magnitud alta y de alta importancia en la actividad pesquera en el San Juan son las disposiciones de lodos, el dragado y la separación de mercurios. Los vertimientos y la disposición de aceites de la minería semiindustrial afectan la fauna acuática" (Ibid: 113). El SER resalta el impacto sobre la ictiofauna pues en "las comunidades de organismos acuáticos se destruyen los nichos donde estas comunidades se asientan. Los peces, por el incremento de los niveles de sólidos en el agua, así como por la escasez de alimentos, son alejados de las zonas de actividad de esta minería, ocasionando una disminución de la oferta alimentaria a los pobladores del lugar" (Ibid). El uso del mercurio en la actividad minera constituye otro efecto negativo para la fauna acuática. Según el estudio ya mencionado, las concentraciones de mercurio en los peces son altamente preocupantes; por ejemplo, a dos ejemplares de sábalo se les realizó un análisis y se encontraron concentraciones alarmantes de mercurio en el tejido muscular y en el visceral (entre 1.4 y 2.4 Mg/kg). En legislaciones de "países como E. U. y Suecia, el límite permitido de mercurio en tejido de peces es de 0.5 Mg/kg., lo que revela la enorme magnitud de este impacto adverso en la fauna acuática del río San Juan" (Ibid: 12). El mercurio analizado se encuentra acumulado en los tejidos, lo que indica que los peces vienen recibiendo este contaminante en dosis pequeñas, pero en un tiempo largo, dado el tamaño de los ejemplares analizados. En los ríos Atrato, Baudó y afluentes como el Capá, Andágueda y Tumutumbudó, el uso del taco de dinamita tiene un impacto adverso sobre la fauna acuática. Igualmente, el barbasco y los fungicidas utilizados para el tratamiento de las maderas, inciden enormente en el deterioro de la fauna acuática.
|