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Deforestación y otras actividades forestales Ya se destacó cómo el territorio chocoano contiene la proporción más elevada de endemismo específico de todo el continente (Gentry, 1990: 41). Sin embargo, sufre hoy día, la tala intensiva e indiscriminada de los bosques. En un proceso que se refuerza internamente, las escasas oportunidades de ingresos adicionales a la agricultura inducen a los campesinos a participar en las talas para las grandes compañías madereras, o a formar sus pequeños aserríos. Pero el empobrecimiento del bosque y del ecosistema, aumentan el empobrecimiento de las comunidades rurales (ver DIAR, 1987:40 y DNP, 1988). La sobre-explotación de los bosques trae consigo el desequilibrio del ecosistema: erosión, pérdida de nacimientos de agua y desaparición de fauna y flora. Pero, por otra parte, estos mismos bosques han sido subutilizados por cuanto se explotan sólo las especies que tienen interés como madera, pero no se aprovecha la diversidad existente. La explotación de maderas se concentra en el Urabá (Riosucio, Acandí y Unguía), en la zona del Atrato medio (Bojayá y Quibdó), en el bajo San Juan (Istmina) y en el litoral Pacífico. Sobresalen como especies de madera, típicas del norte chocoano, la asociación pancanal (3), la asociación catival, la que comprende las especies de cedro, quino, tanjeras, caoba, roble y ceiba toluá; la asociación entre sande, guasco, caimo, nuánamo y la del abarco. En el centro, el pino, abarco, anime, sande, aserrín, carrá, cedro, la asociación manglar y nato. Numerosas discusiones han surgido en los últimos años sobre los permisos de aprovechamiento forestal, discusiones que han recorrido las instituciones regionales y nacionales y dividen en ocasiones a las propias comunidades en bloques antagónicos. Si bien se ha ampliado la conciencia general sobre la importancia de modificar las formas rapaces de aprovechamiento, los intereses que giran sobre la explotación maderera son fuertes y numerosos y se enraizan localmente. Los problemas se inician con el otorgamiento y continúan con el control y la vigilancia sobre volúmenes, áreas, especies y sitios de explotación. Las deficiencias son ampliamente conocidas, especialmente en la delimitación de áreas y especies. En estos años se han presentado conflictos, por la sobreposición de permisos de explotación con los resguardos indígenas y territorios de otros pobladores locales. Ciertas zonas de Juradó, alto Andágueda y Tanela o Riosucio, son ejemplos de lo anterior. Los mayores volúmenes de madera movilizados en 1990 y 1991, provinieron de Riosucio. En los Anexos Nos. 1, 2, 3 y 4 se describen los permisos otorgados en esos años. A raíz de las discusiones promovidas en 1992 y 1993 por los delegados comunitarios de la Comisión Especial de Comunidades Negras sobre el permiso de explotación denominado Balsa II (Atrato medio), se evidenció una vez más la precariedad en la toma de decisiones para el otorgamiento de los permisos. Los permisos adolecen de una delimitación precisa y se otorgan principalmente a grandes compañías madereras. Por ello es de la mayor importancia incorporar las comunidades en la toma de decisiones y en la vigilancia del cumplimiento de las condiciones de extracción para evitar que se exploten especies no autorizadas y mayores volúmenes de los permitidos. Si analizamos los volúmenes por especie movilizados en 1990-91 encontramos que el cativo (204.488.78 m3 para 1990 y 110.303.62 m3 en 1991) representa el 74.57% de las especies movilizadas. Como ya se dijo, el catival es importante para mantener estable el cauce de los ríos y regular los nutrientes y frutos de las aguas que contribuyen al soporte de comunidades animales acuáticas (Durán y otros, 1989; ver Cuadro Nº 12).
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