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Tres años después, de angustias, desapariciones e invisibilización de nuestra situación y luego de tantas promesas incumplidas por parte de las autoridades competentes, hemos decidido como comunidad fijar fecha para limpieza y habilitación de nuestro pueblo.
 
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La minería, presencia renovada

La minería ha sido el hilo histórico de unión del Chocó con el país y el exterior, su marca como zona de frontera, como al comienzo se señaló. Impregna la vida social regional, plena de múltiples significados culturales.

En el Chocó la actividad minera se puede clasificar, según la técnica de explotación, en minería artesanal, semiindustrial y minería industrial (ver Anexos Nos. 6, 7, 8 y 9).

Las principales zonas mineras se encuentran en la cuenca del río San Juan, en especial en Istmina, Condoto y Tadó.

La explotación del oro aluvial se realizaba y aún se practica marginalmente, a través del llamado barequeo. Las técnicas del barequeo, según el tipo de mina, son el hoyadero, la manga y el zambullidero, en la denominación local. La población afrochocoana ha utilizado como instrumentos tradicionales bateas, almocafres, barretones, mates, canaletes.

La minería artesanal se practica por grupos de 10 a 12 personas denominados cuadrillas. Cada cuadrilla tiene un jefe y básicamente están conformadas por familiares, aunque incorporan también, ocasionalmente, compadres o amigos.

La actividad minera varía según las condiciones estacionales y las de la mina misma. Se trabaja cada yacimiento a lo largo de ríos y quebradas con técnicas apropiadas a sus características. En el curso del año, la explotación se ajusta al caudal de las fuentes; en las épocas con mayor caudal (mayo, noviembre) se buscan nuevas minas o se detiene la actividad; en el verano, (diciembre, enero, febrero) se modifica el acceso a las minas, lo que obliga a la suspensión de actividades. La técnica de zambulleo, por ejemplo, se utiliza más en esta época. Cuando no se puede practicar la minería, los hombres aprovechan para trabajar en las distintas parcelas (ver Torres, T., 1989).

Las redes de los troncos familiares determinan los derechos sobre los terrenos y cauces mineros y sobre el reparto de las utilidades. Quienes tienen un derecho sobre una mina pueden ceder a otros su usufructo y reciben por ello utilidades preestablecidas. También pueden conformar una compañía con tres tipos de participantes: el dueño de la mina, los asociados por utilidades y los obreros, quienes trabajan por jornal.

En la mayoría de los casos, la minería artesanal se complementa con la agricultura, la pesca y la caza, pero la minería es el eje social y cultural de la mayoría de la población negra. "La minería y su producto final, el oro, nos dictan qué hacer y qué no hacer todo momento", dice Tomás Torres (Ibid: 30), refiriéndose a Neguá.

Como innovaciones tecnológicas de la minería artesanal, se introdujeron hace unos años los motores estacionarios de gasolina (entre 9 y 15 H.P.), las motobombas y las draguetas. Su utilización fue aprendida de las zonas mineras de Antioquia, en especial en Nechí, Zaragoza, El Bagre y Machuca, donde emigraron mineros negros por algunos años; de allí muchos volvieron con ahorros, que dedicaron a la maquinaria.

Los pequeños motores impulsan la succión de agua, que se aplica a una pena (4) ; el material pasa a un canalón, donde se clasifica. Las motobombas pueden emplearse también dentro del río donde se trabaja con buzos, hasta 5 y 6 mts. de profundidad.

Los costos de una motobomba (alrededor de un millón de pesos) y el capital de trabajo necesario para comestibles, campamento y combustible, llevan a la búsqueda de apoyo financiero. Algunos comerciantes financian entonces las compañías, compuestas al menos por tres mineros y un maquinista.

Desde mediados de los años 80 se han extendido las motobombas y draguetas; su número es difícil de precisar, pues no operan con licencia, pero se encuentran en toda el área minera del San Juan, con mayor concentración en Lloró, Bebará, Bebaramá, Condoto, Andágueda y los ríos Zuruco e Iró.

Para el trabajo con motobombas se realiza un acuerdo con quien tiene el derecho sobre el terreno; este recibe un puesto dentro del negocio, que equivale a un porcentaje de las ganancias. El dueño de la motobomba quien suele ser el jefe del grupo, recibe otro porcentaje y los otros socios, uno menor. Los comerciantes que fían los equipos o los víveres, suelen comprar parte del producto formando una cadena de dependencias característica de las zonas mineras, pero que al parecer no es tan importante en el Chocó como en otras regiones.

El empleo de motobombas y draguetas eleva los ingresos de los asociados y modifica la organización minera artesanal en varios sentidos. Las compañías son casi exclusivamente masculinas, se tienden a convertir en actividad permanente y toman características de pequeña empresa.

También se presentan disputas y enfrentamientos sobre los derechos de explotación de ciertas minas. Algunos dirigentes plantearon que "en los núcleos familiares que pertenecen a un tronco compuesto por cinco, siete o hasta quince familias, una vez que la mina entra en producción comienzan los problemas, pues ya no se tiene la misma estructura organizativa para la explotación. Ya no están ligadas a la posesión familiar sobre una determinada extensión de tierra para los diferentes ramajes".

La explotación con motobombas y draguetas causa impactos adversos en quebradas, ríos y zona selvática; contribuye al deterioro de la fauna acuática por el efecto de desechos y el uso del mercurio y deja hoyos en las áreas intervenidas, que se convierten en zoocriaderos de mosquitos y zancudos (ver Anexo Nº 6).

Numerosas creencias sobre el oro alimentan prácticas rituales, algunas secretas. El minero recela y desconfía. Debe protegerse continuamente de otros. El oro, dicen, está vivo, camina, corre. Si la persona "es ambiciosa y tiene ansia, se vuelve agua". Si no reparte las ganancias de la mina con sus parientes, el oro huye. Es preciso dar ganancias a los familiares que tienen derechos sobre el terreno y en general, es necesario compartir las bonanzas con la parentela (5).

Por su parte, el barequeo, principalmente llevado a cabo por mujeres, se ha reubicado alrededor del trabajo minero semiindustrial. Los pozos abiertos por las retroexcavadoras son trabajados por enjambres de barequeros, mujeres, niños y algunos hombres, que siguen paso a paso el trabajo de las máquinas.

Se entiende por minería semiindustrial la realizada por empresarios con equipos de retroexcavadoras y motores estacionarios de 80 H.P. de potencia. Como equipo de apoyo usan clasificadoras del material, volquetas, canalones. Cada retroexcavadora tiene un costo entre 150 y 200 millones de pesos y el motor alrededor de 20 millones de pesos, lo que implica inversiones altas.

Genera excedentes apreciables para los propietarios, en su gran mayoría paisas y cambios importantes en las estructuras socioculturales de la población nativa y en el ambiente natural.

Esta minería inició su auge alrededor de 1985, con la afluencia de empresarios de la zona minera antioqueña, atraídos por el precio del oro y la tranquilidad de la región.

El número de retroexcavadoras en el San Juan, típicas de la minería semiindustrial, para 1992 era aproximadamente la siguiente:

Condoto: 45 retroexcavadoras.

Istmina: 10 retroexcavadoras.

Tadó: 13 retroexcavadoras.

Los impuestos que se han logrado recaudar en los diferentes municipios no se compadecen con el deterioro ambiental que producen. Adicionalmente, el oro extraído se vende y registra fundamentalmente en Antioquia y Risaralda, pues allí lo declaran los comerciantes, de manera que se evaden las regalías locales.

Efectos inmediatos son la afluencia de inmigrantes como trabajadores de la minería o comerciantes, con un aumento del costo de vida en la región. La demanda por vivienda, por ejemplo, elevó notablemente el valor de los arrendamientos. Los cascos urbanos de la región han recibido un flujo de población foránea, alrededor de la cual se intensifican la prostitución y el consumo de alcohol.

Otra de las modificaciones es la generalización del arrendamiento de terrenos, que rompen los derechos de la red familiar más amplia y generan tensiones dentro de ella.

La extracción del mineral por las retroexcavadoras ocasiona un impacto de gran magnitud sobre la vegetación de vega. Se destruye no sólo la capa vegetal sino las geoformas, hecho que hace difícil y muy lenta la recuperación de la cobertura vegetal (SER CONSULTORES, 1991). Hasta el presente no se ha logrado el relleno de los pozos que dejan, que implican una inversión adicional para los empresarios.

Al disminuir la vegetación con sus diferentes estratos se elimina el hábitat de muchas especies de vertebrados, que aunque no desaparecen, disminuyen su capacidad de adaptación y supervivencia en el nuevo hábitat invadido (Ibid: 92).

Este tipo de minería no contempla normas mínimas de manejo ambiental y puede considerarse como depredadora en cuanto a lo físico-espacial.

La minería industrial en el Chocó se limita a los trabajos realizados en la subregión del San Juan por la compañía conocida en la actualidad como Mineros del Chocó. El trabajo se realiza mediante dragas estacionadas en distintos lechos (ver Anexo Nº 9). Hoy en día sólo se encuentran en servicio tres dragas ubicadas en la zona de Condoto, con unos 300 trabajadores.

Héctor Melo en su investigación sobre la inversión foránea en el oro señala que los capitales británicos estuvieron asociados al inicio de las operaciones mineras mecanizadas en el Chocó (Melo, H., 1985).

En 1907, el presidente Rafael Reyes otorgó al general Cicerón Castillo una concesión para realizar operaciones mineras en el río Condoto. Castillo formó una compañía en Bogotá; realizó trabajos de prospección e inició luego modestas operaciones hidráulicas. Las dificultades que enfrentó Castillo, lo llevaron a ofrecer su concesión en venta a la compañía inglesa Consolidated Gold Fields, que realizó negociaciones con el oferente y formó la Anglo-Colombian Development Co., para conducir sus operaciones en el río Condoto. Esta compañía inició la compra de otra serie de propiedades adyacentes pertenecientes a antiguos adjudicatarios (Ibid).

En 1912 la Anglo-Colombian estableció un campamento en Andagoya y con una draga de vapor traída de Inglaterra, inició operaciones en julio de 1915. Operó esta draga en el Chocó algo más de 40 años, hasta su traslado al departamento del Nariño, río Telembí (Melo, H., 1985).

En estos años se produjeron intensas disputas sobre títulos de propiedad y litigios con quienes reclamaban derechos de posesión sobre los yacimientos del río Condoto. Una de las disputas más importantes fue interpuesta por Henry Granger, un norteamericano que había estado en Colombia desde 1889 realizando exploraciones en los lechos de los ríos Atrato y San Juan. Granger había obtenido adjudicación de títulos sobre extensas áreas que él consideraba dragables. Una de estas áreas era el río Condoto, desde su desembocadura hasta la isla llamada Bazan.

Héctor Melo dice que Henry Granger formó la compañía Pacific Metal Co. y después de varias disputas legales, logró un acuerdo con la Anglo-Colombian Development Co. Se formó así la compañía South American Gold and Platinum Company, como compañía holding donde estaban representadas las dos anteriores. En 1916, como subsidiaria de la nueva compañía, hizo su aparición la Chocó Pacífico con un capital declarado de cien mil pesos (Melo, 1985: 42).

El holding anglo-norteamericano importó dragas y grúas, ampliando la infraestructura existente en Andagoya convertido en centro administrativo minero. Se elevaron allí dos pueblos separados por el río Condoto: el de los obreros negros, Andagoyita y el de los administradores anglo-norteamericanos, Andagoya. Los del primero no podían deambular por el segundo, contruido este como campamento de ultramar, segregado del entorno social.

Auspiciada por la South American Gold and Platinum Company, nació la International Mining Corporation que controló la Compañía Chocó Pacífico S.A., la Compañía Minera de Nariño S.A., la Frontino Gold Mines Limited y la Consolidated Gold Dredging Limited.

Entre 1948 y 1972, la Chocó Pacífico extrajo metales por valor superior a los 196 millones de dólares. El salario de los obreros, siempre fue el decretado por el gobierno, mientras los técnicos extranjeros, gerentes, pilotos de dragas (wincheros), jefes de secciones (mecánica, electricidad, bodegas, etc.) devengaban altas remuneraciones.

Durante 1964, una sola draga remitió a New York 90.000 onzas de platino. En ese mismo año, las regalías para los municipios sanjuaneños de Bagadó, Tadó, Condoto, Istmina y Nóvita sumados, escasamente sobrepasaron los ciento cuarenta mil pesos (SER CONSULTORES, cit.).

Se dice que la Compañía Minera Chocó Pacífico con el producto de la explotación de los recursos naturales del Chocó, aportó el Yankee Stadium a Nueva York.

Posteriormente, después de casi sesenta años de explotación intensiva, en los años 70, se introdujo el régimen de empresa mixta con la participación del capital privado y público colombiano en la Chocó Pacífico, en lo que se conoce como la colombianización.

En 1974, Mineros Colombianos S.A., en negociación hasta ahora poco clara, adquirió la Chocó Pacífico por $42’OOO.OOO. La nueva razón social de la empresa fue Mineros del Chocó S.A.

Pero, dice SER CONSULTORES, "en 1987, entró en crisis la empresa, no canceló salarios a los obreros durante dos años. Las condiciones socio-económicas fueron desastrosas para la población, los niños se desmayaban de hambre en las escuelas, muchos estudiantes abandonaron las escuelas y las gentes beneficiarias de la empresa comían una vez al día cuando conseguían" (Ibid:93, Testimonio de Felipe Ibarguen, Vicepresidente del Sindicato de Trabajadores).

El gobierno, por ley 13 de enero de 1986, constituyó la empresa Metales Preciosos del Chocó S.A. y liquidó la anterior empresa. A los obreros y pensionados se les entregaron bonos o acciones de la nueva entidad como pago de dos años sin salario. El congreso autorizó al gobierno para garantizar una refinanciación hasta el año 2000, norma que luego fue modificada, con grandes sobresaltos para sus ya ancianos pensionados (600 jubilados, 328 trabajadores en 1991).

La historia de la Chocó Pacífico es la historia de la debilidad nacional en las negociaciones con empresas extractivas y de la explotación sin beneficios para el desarrollo regional.

El deterioro ambiental de la llanura del río San Juan es una muestra fehaciente del impacto humano sobre el ecosistema. El San Juan sigue bajo el peso de la carencia en servicios y en bienestar. La época de esplendor de oro y platino pertenece al recuerdo.

En la actualidad, el 95% de la actividad minera en el departamento del Chocó se realiza en forma ilegal. En buena parte esto obedece a la excesiva centralización de los trámites para la solicitud de títulos mineros en las oficinas del Ministerio de Minas en Bogotá y al desinterés de algunas administraciones municipales para hacer cumplir las normas establecidas en el Código de Minas.

Es probable que estos procesos cambien con las nuevas disposiciones sobre tenencia de tierra comunitaria y los nuevos controles sobre los recursos naturales que implican mayores responsabilidades de los entes regionales y locales.

La producción de oro en el departamento fue de 99.416 onzas troy y 41.053 onzas de platino para 1990 (ver Cuadro Nº 13 y Anexo Nº 10). Toda la transformación de este metal se hace por fuera del país.

 
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