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Realizado en la comunidad indígena de Isla Murindó, Antioquia, los dias 20 y 21 de octubre. Enuentro que da continuidad al proceso de discusión sobre los aspectos que atentan contra la vida de los pueblos y del territorio.
 
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Subregión de Urabá PDF Print E-mail

Subregión de Urabá,
de economía tradicional a ganadera

La zona del Urabá chocoano fue ocupada tradicionalmente por población cuna, parte de la cual hoy en día se encuentra agrupada en resguardos, mientras la mayoría emigró hacia Panamá.

Al final del siglo pasado, la explotación del caucho, de la tagua y la raicilla y la apertura de las minas del río Tigre, atrajeron migrantes de la Costa Atlántica y del interior del Chocó. Una vez pasado el auge extractivo, parte de esta población emigró de nuevo (ver Valencia y Villa, 1991).

En los años 20, Félix Meluk, próspero comerciante que había llegado al Chocó en la primera década del siglo proveniente de Siria, estableció allí un ingenio azucarero y plantaciones de banano (información recogida en Quibdó, 1992). Ambos ocuparon cientos de obreros en forma permanente y se convirtieron en factores de atracción de colonos (2), especialmente de trabajadores negros del interior del Chocó.
Sin embargo, la población cuna fue la mayoritaria hasta la década de los cuarenta.

La gran depresión de la década del año 29, trajo la quiebra de Félix Meluk y el posterior fracaso del ingenio, que había llegado a tener ferrocarril propio. Sus inversiones en platino en la bolsa de New York sufrieron una mengua considerable, y se unieron al estancamiento del comercio de oro, dirigido también al exterior. El ingenio y su infraestructura, compleja para la época, cayeron en el abandono.

Hacia 1960, la zona recibió un nuevo auge colonizador centrado en las plantaciones de banano y en la extracción maderera. La apertura de la vía Medellín-Turbo facilitó el proceso. Para entonces la población indígena ya se encontraba disminuida y fue colocada como minoría demográfica y socio-cultural. Valencia y Villa (cit.) mencionan que los cuna pasaron de 5.000 registrados en el censo de 1912, a 500 en los años ochenta, reducidos principalmente a los resguardos de Unguía y Cutí. Un pequeña población emberá y wanana se aprieta en el resguardo de Tanela. La información reciente del INCORA en Quibdó registra una población indígena total en la zona de 387 habitantes.

Las plantaciones bananeras se concentraron en la zona antioqueña de Urabá, mientras el área chocoana quedó como retaguardia, poco a poco apropiada por extensos hatos ganaderos, propiedad principalmente de antioqueños. La economía campesina de la población negra fue paulatinamente desplazada por la ganadería, que hoy domina el paisaje de manera abrumadora.

El ambiente geográfico está ligado a las condiciones del Golfo y a la cuenca baja del río Atrato, en cuya planicie de desborde se forma una amplia zona pantanosa, con varias ciénagas.

Hasta 1985 se encontraba el municipio con el más alto índice de crecimiento poblacional, Riosucio (4.38% anual); aún recibe la afluencia de población extradepartamental (Antioquia y Córdoba) atraídos por la extracción de madera de pequeños y grandes empresarios y de colonos ganaderos.

La subregión de Urabá tiene la mayor porción del territorio departamental, 28%, seguida de la subregión central (26%). Pero en términos de población, la primera tenía en 1985 el 16%, mientras la central albergaba el 41%. En 1985 un total de 38.386 personas habitaban los 13.410 km del Urabá chocoano, mientras en 1993, ascendió a 48.003 habitantes, pero la proporción continúa igual con respecto a la subregión central.

CUADRO N° 14
POBLACION SUBREGION DE URABA, 1993

Municipios

TotalCabeceraRestoArea mpal. Km2
Acandí9.5554.4465.1091.858
Riosucio27.6664.55423.11210.373
Unguía10.7823.4647.3181.179

TOTAL

48.00312.46435.53913.410

FUENTE: DANE, Censo de 1993.

Riosucio representaba en 1993 más de la mitad de la población de la subregión, pero al mismo tiempo ocupa más de las tres cuartas partes de su área ( 10.000 km2 ).

Para 1985 se observó que apenas el 47.4% de la población de la subregión de Urabá nació en el municipio y el 59.4% en el departamento, lo cual hace evidente el origen extrarregional de la mayoría de la población; no se puede establecer la procedencia precisa de estos flujos migracionales con los datos disponibles. Pero se observa que Riosucio es el polo receptor de población, mientras que Acandí es un expulsor neto con tasa de crecimiento negativa, especialmente para el sexo femenino; Riosucio tiene aún tasas de crecimiento superiores a las medias nacionales (CIDER, cit.: 131).

La actividad dominante en la subregión es la explotación de madera de Riosucio y en menor medida, la producción de ganado en Acandí y Unguía. Según los datos de la Caja Agraria, el área cultivada en Riosucio es ya considerable. Si esta actividad se consolida, la expansión poblacional de la subregión se tiende a frenar, como ya se observa en el pasado censo.

Es interesante anotar que el CIDER encontró en esta subregión la mayor y más estable proporción de relación salarial dentro del departamento, mientras que la subregión del Pacífico presenta el índice más bajo (CIDER, cit.), reflejo del cambio en las relaciones sociales que desplaza a los nativos indios y negros y sus modelos tradicionales. Incluso la subregión del San Juan aparece con empleo más estable y consolidado que la Subregión Central, pero ambas en una condición inferior a la de Urabá. En pocas palabras, allí se encuentra el mayor motor de la expansión de las relaciones salariales, bien en torno a la ganadería, bien a los aserríos. Los enclaves antiguos, El Carmen y San José del Palmar no tienen ya, al parecer, la dinámica del Urabá chocoano.

No obstante lo anterior, en términos de estabilidad laboral es la Subregión Central la que tiene casi el doble de empleados ocupados más de nueve meses cada año, explicable por el predominio del sector servicios en ésta, lo que seguramente está relacionado con un mayor nivel de ingresos para la población ocupada.

En el Urabá chocoano la ausencia de títulos de propiedad de la tierra contribuyó para que el nativo paulatinamente se quedara sin ella; aquellos que permanecen, trabajan como obreros en las fincas, como aserradores independientes, o como braceros en las empresas madereras y en los entables mineros.

Pese a la dinámica demográfica y ocupacional que muestran las estadísticas, el Urabá chocoano sobresale por tener el índice departamental más alto de necesidades básicas insatisfechas, 87.1%. Sobresale precisamente Riosucio, polo de desarrollo, con 97.5% de NBI, que lo colocan en el segundo lugar departamental, después de Sipí.

Según el DANE en esta subregión apenas el 0.8% de las viviendas cuentan con los servicios de acueducto, alcantarillado y energía. De hecho el 57.7% de las viviendas carece de todos los servicios públicos; de las viviendas localizadas en la cabecera, apenas el 1.3% cuenta con los servicios básicos. La mayoría de las viviendas no tiene ningún servicio público, al tiempo que el 0.8% los tiene todos (DANE, 1985).

La dispersión de los asentamientos, la concentración del recurso docente en las cabeceras municipales, la falta de infraestructura física y la falta de programas de seguimiento y evaluación marcan la problemática educativa. Los niveles de analfabetismo en población adulta y la deserción escolar en niños son altos.

Si bien el deterioro de ciertos ecosistemas es uno de los principales problemas debido al incumplimiento de las normas mínimas de protección ambiental en los aserríos y por la deforestación que abre el paso a la ganadería, los contenidos educativos sobre el aspecto ambiental son superficiales.

Pero, sobre todo, los responsables institucionales otorgan poca importancia a los procesos de daño ecológico en la subregión, ocasionados por las compañías explotadoras de madera y la tala cotidiana del pequeño aserrador.

La minería intensiva es menos frecuente en la zona, pero cuenta con las nuevas tecnologías (draguetas, motobombas) que ocasionan deterioro de ríos, quebradas y caños.

Ya se observan efectos ambientales nocivos del turismo en áreas como Capurganá y Sapzurro. En las palabras de indígenas de la región "en el pasado hubo abundante comida; mucha guagua, mucho venao y tatabro, y las ciénagas y ríos tenían buen bocachico y buen pescado; hoy día ya no se consigue de qué vivir" (3) .

En el Urabá Chocoano 72.000 km2 pertenecen a los parques naturales de los Catíos y las Teresitas, que podrían servir de base para proyectos de ecoturismo y etnoeducación con las comunidades locales.

El Urabá está más relacionado en términos de flujos comerciales y de población con la Costa Atlántica y el Urabá antioqueño, mientras está pobremente articulado con la Subregión Central. Pero si bien el efecto de su dinámica sobre los mercados departamentales es débil, el efecto ecológico, social y político sobre el conjunto departamental es amplio. El proceso de colonización, con sus consecuencias sobre la población nativa, sobre los sistemas naturales y sus recursos de fauna y flora, está acompañado de conflictos que se extienden y se unen con los provocados alrededor de actividades ilícitas varias, que erosionan al Chocó en su conjunto, donde las diferencias socio-raciales se resolvían por medios no violentos.

El paisaje ganadero, que implica potreros limpios, ha devorado ya miles de hectáreas del otrora temible tapón del Darién. La punta colonizadora que avanza desde Córdoba se une con los aserríos y las talas de las empresas madereras; el Urabá chocoano se asemeja cada vez más a su vecino, con su carga de conflictos sociales y deterioro ambiental.

 
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