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Entre la selva y el mar, la Subregión del Pacífico La Serranía del Baudó delimita buena parte la subregión con su relieve muy quebrado, de afloramientos rocosos en las partes altas y menos escarpado hacia el norte (Abdón Cortés, en CIDER, 1991). En general los suelos son muy pobres, con una vocación de uso exclusivamente forestal. Los bosques son heterogéneos en especies, lo que hace muy difícil y costoso su aprovechamiento. Pero en algunos sitios favorables, ya se han establecido aserríos. Las condiciones de pluviosidad son extremas en la Serranía, especialmente en la estribación occidental, con registros de hasta 10.000 mm al año. Estas características dependen del régimen climático que le impone la cuenca del Pacífico a todo el Andén, pero son más rigurosas hacia el norte. Hacia el occidente de la Serranía se despliega la franja costera. Juradó, Bahía Solano, Alto Baudó y Bajo Baudó, son las unidades municipales de esta region (5). Para la región costera, Jacques Aprile distingue tres corrientes históricas en su poblamiento. Una primera aborigen; una segunda, a comienzos de este siglo, emberá y negra, que aún prosigue y una tercera impulsada entre los años veinte y cuarenta de este siglo. Durante la colonia, el litoral al parecer sirvió de refugio para contrabandistas y cimarrones. Luego, a comienzos de este siglo, llegaron inmigrantes del alto San Juan, de los ríos Atrato, Condoto e Iró, que recorrieron las playas y conformaron aldeas playeras. Sembraron cocales, plátano y arroz. Aprile ha encontrado casos de asociación entre emberás y negros, con cruce matrimonial y de rasgos culturales. Una tercera corriente de colonos mestizos del interior fue impulsada entre 1925 y 1940 por el gobierno de Abadía Méndez y terminó en el fracaso colonizador (Aprile, J., 1991). Como parte de ella en 1935 se instaló entre Cupica y Utría una colonia agrícola denominada Ciudad Mutis, que atrajo colonos del interior del país, pero su éxito pronto decayó. En la segunda mitad de los años 60 se consolidó Bahía Solano como centro administrativo subregional y Juradó, Nuquí, Puerto Pizarro (Bajo Baudó), como núcleos urbanos de menor importancia, creando una demanda local por productos agropecuarios. Aparte de estos centros urbanos, ninguno de los cuales llegaba a 2.000 habitantes para el censo de 1985, se encuentran pequeñas aldeas playeras (100 a 200 personas) que siguen el patrón de asentamiento y utilización territorial de las aldeas lineales ribereñas, características del Chocó. Según el censo de 1993, los municipios de esta subregión aumentan su población dentro de las mismas tendencias anteriores, con dos fenómenos dignos de destacar. El municipio de Alto Baudó duplicó su población rural entre 1985 y la fecha, en parte tal vez debido a la influencia de la carretera Panamericana, asociada a procesos de tala de madera y deforestación. En ese lapso la población de ese municipio pasó de 9.634 en 1985, a 17.019 en el año noventa y tres. A su vez el Bajo Baudó es el único municipio que presentó disminución de su población en el último período intercensal dentro de un proceso de concentración en la cabecera, pues ésta casi se quintuplicó, mientras se disminuyó la población rural. En contraste, la tendencia entre 1973 y 1985 era de paulatino y lento crecimiento absoluto, tanto en la cabecera (6) como en la zona rural. Entre 1973 y 1985, Bahía Solano y Nuquí tuvieron tasas de crecimiento ligeramente superiores al 2%; mientras Juradó (1.2%) y Alto Baudó (0.4%) las tuvieron inferiores a las vegetativas. Existe un flujo de emigración permanente hacia Panamá, Quibdó y Buenaventura y en general, el crecimiento poblacional es lento. CUADRO N° 16 POBLACION SUBREGION DEL PACIFICO, 1993 Municipios | Total | Cabecera | Resto | Area mpal. Km2 | | Juradó | 4.038 | 1.753 | 2.285 | 992 | | Bahía Solano | 6.894 | 2.665 | 4.229 | 1.150 | | Nuquí | 5.252 | 2.842 | 2.610 | 956 | | Alto Baudó | 17.019 | 1.569 | 15.450 | 2.195 | | Bajo Baudó | 15.930 | 5.229 | 10.701 | 4.840 | TOTAL | 49.133 | 14.058 | 35.275 | 10.133 |
FUENTE: DANE, Censo 1993. El hábitat, dice Aprile, sigue las pautas tradicionales que los colonos conocían en las regiones fluviales de origen: el trazado lineal sobre la playa, arteria de relaciones y comunicaciones. En la parte posterior de las viviendas un huerto limita con la selva. Se practica una agricultura itinerante, con rotación continua de cultivos de plátano, batata, yuca, ñame. En el caserío se ignora la propiedad amojonada, basta con la tradición oral (April, J., 1991: 256). La mayoría de la población en la Subregión Pacífico es de habitantes negros y se estiman en 15% los emberá y 5% blancos. Estos últimos se concentran en las cabeceras municipales y tuvieron como origen los colonos de Boyacá, Cundinamarca, Huila, Valle, Caldas y Antioquia de los años 30 y 40. Según el censo de 1985, en la región se encontraban 1.500 emberaes. La economía primaria predomina en la región; son importantes la pesca, el cultivo de arroz, el plátano y la explotación de maderas. La población local no indígena realiza la pesca en forma artesanal, básicamente de peces de carne blanca, camarones, jaibas, piangua y langostinos. En los municipios de Juradó, Nuquí, Bahía Solano y Bajo Baudó ésta es la actividad económica principal, asociada a cultivos de reducida comercialización. En Alto Baudó sobresalen la explotación de maderas, la agricultura de pequeña escala y en menor grado la pesca. Como en otras subregiones, las unidades domésticas se basan en una asociación de prácticas productivas: pesca, agricultura, ingresos adicionales por explotación ocasional de madera. Salen de este patrón los empresarios madereros y de pesca. La producción agrícola genera algunos limitados excedentes comerciales, especialmente de plátano en el Bajo Baudó. El mercado de la subregión está ligado al municipio de Buenaventura (Valle del Cauca), al puerto de Jaqué (Panamá) y algunas zonas del interior. La tecnología de cavas de frío ha incentivado la pesca artesanal y su comercio hacia Medellín y Buenaventura (ver aparte sobre los Procesos Económicos Principales y la Pesca Artesanal). La Subregión hace parte de la reserva forestal del Pacífico, de manera que los derechos territoriales se transmiten por reglas de posesión familiar tradicionales. Sin embargo, el decreto de creación de la colonia agrícola en 1935 dio algunos títulos a colonos del interior, pese a las protestas de los nativos, indígenas y negros, pues tomaron como baldíos tierras de uso tradicional. La creación de la reserva forestal detuvo la titulación, pero en los últimos años se han sustraído miles de hectáreas, de las cuales la población negra e indígena ha sido desplazada. Por lo general, empresarios, comerciantes o individuos en busca de fincas de recreo, compran las mejoras cercanas a las playas por poco precio e inician luego el proceso de titulación, sin mayores trabas jurídicas. En la misma medida en que crece la afluencia externa, el nativo ha perdido la tierra. Es fácil observar en las playas y en toda la zona costera en tierras de vocación agrícola, a nuevos propietarios, sobre todo antioqueños y caldenses. La presión colonizadora de este tipo ha aumentado desde la apertura de la carretera Puerto Rico-Santa Cecilia-Tadó-Las Animas-Nuquí. Igualmente, la explotación de maderas y sus efectos sobre el bosque se han acrecentado, como se puede observar en el tramo carreteable Cértegui-La Y y en zonas del Alto Baudó, parte del Bajo Baudó y Juradó. En la zona del litoral, la actividad pesquera artesanal se ve afectada por el barrido de los barcos de la empresa Vikingos y los de otros empresarios de Japón y Estados Unidos. La faena pesquera artesanal se realiza en sitios cercanos a los poblados (ver Pesca Artesanal), pero las explotaciones intensivas de la pesca comercial y los costos de combustibles, aparejos y motores fuera de borda, tienden a dificultar esta actividad. Los pescadores deben salir cada día más lejos, con mayores riesgos. En el litoral, los dueños de cavas, cuartos fríos y máquinas productoras de hielo son los intermediarios del pescado, quienes imponen precios bajos al pescador artesanal. Los intentos tanto de CODECHOCO, como de los mismos pescadores para adelantar programas de apoyo a la pesca artesanal todavía no se consolidan. Allí el turismo constituye una actividad que podría producir excedentes financieros a la población, pero se encuentra en manos de empresarios de fuera, quienes en épocas de alta temporada atraen turistas especialmente del Valle del Cauca, Antioquia y el eje cafetero. La afluencia de turistas ha traído un aumento en los costos de alimentación, servicios y transportes que crean una compleja situación para la población nativa de Bahía Solano y Nuquí. La mejor expresión de la calidad de vida de la población se pone de presente en los índices de necesidades básicas insatisfechas. Los índices municipales de Juradó, Alto y Bajo Baudó se sitúan por encima del 70% de NBI, y ligeramente por debajo; Nuquí y Bahía Solano. Estas últimas concentran la oferta de servicios públicos pero en conjunto, la subregión presenta precarias condiciones de nivel de servicios básicos. En términos de la estructura ocupacional, la situación de Juradó, Bahía Solano y Nuquí es diferente a la de Alto y Bajo Baudó. La importancia del turismo y de los puertos alternos que se proyecta construir en Bahía Solano y Nuquí, se manifiesta en un índice más alto de empleos estables. En Juradó las actividades productivas primarias parecen más importantes, pues se encuentra una mayor contratación de obreros permanentes. Sin embargo, hay pocos obreros estables en los municipios de la subregión y los que se consideran patronos no representan ni el 0.5% de la población. No es exagerado afirmar que la actividad económica de la subregión es de pequeños productores. La situación educativa en la subregión presenta índices desfavorables; como en las demás, se concentran los docentes en las zonas urbanas, mientras en las zonas rurales con mayor número de alumnos, los docentes disminuyen. A esta situación contribuyen las condiciones habitacionales, el acceso difícil de algunos sitios, los elevados costos de transporte, la falta de cumplimiento en el pago del personal docente y la infraestructura física inadecuada. A nivel de educación secundaria y media vocacional, en la subregión encontramos que de los ocho establecimientos existentes, seis se ubican en la zona urbana. En general, la infraestructura locativa y la dotación de planteles es deficiente en la zona. Otro factor condicionante de la problemática educativa es la municipalización de la educación, pues por una parte, los municipios carecen de los recursos financieros suficientes para el pago del funcionamiento del sector educativo y por otra, intervienen intereses de los políticos para el nombramiento y manejo de los docentes, independiente de su capacidad. Así, no es raro que año tras año se cambien los maestros, sin tener en cuenta la capacitación recibida o la idoneidad en el desempeño docente. En materia de servicios de salud, la subregión cuenta con un hospital local en Bahía Solano y centros de salud en Nuquí, Juradó, Bajo y Alto Baudó. Su precariedad se suple con los agentes tradicionales. El tonguero, el curandero, la partera y el jaibaná, son los oficiantes del ritual de vida que invocan a diario los pescadores, agricultores y aserradores del litoral Pacífico chocoano. La actividad de explotación de maderas en gran escala, en la subregión, se realiza mediante permisos que se encuentran a veces superpuestos a los resguardos indígenas, como en el municipio de Juradó, con los conflictos consiguientes. Los aserríos de los pequeños y medianos madereros tienen también una significativa importancia y se realizan sin permisos o controles institucionales. La subregión está desarticulada geográfica, comercial y administrativamente, de manera que el litoral y el Baudó, sus grandes zonas, se comunican con dificultad. La zona costera tiene una mayor presión de población foránea, en especial en busca de fincas de recreo y aserríos. Desde el mar los grandes pesqueros compiten desigualmente con la pesca artesanal y los puertos previstos sobre varias bahías, pueden desplazar aún más la población nativa. El Parque Natural Utría puede tener un papel de importancia en la contención del movimiento que se extiende por las playas y las privatiza, en desmedro de toda norma o consideración social. El agotamiento del bosque por la explotación de maderas genera desequilibrios ecológicos y sociales; la contraposición de intereses, por una parte, entre los grandes, medianos y los pequeños madereros y entre éstos y los indígenas y negros campesinos, hacen de esta región un potencial de mayores conflictos.
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