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El oro y la Subregión del San Juan "Condoto es un pueblo de calles retorcidas con enormes casas de madera en las que hace veinte años se comía en vajillas importadas directamente de China y hoy parecen restos de un naufragio." Gabriel García Márquez Crónicas y reportajes, 1954 La región del San Juan, Istmina, Tadó, Condoto, Nóvita, Sipí sintetiza el hilo central de la historia del Chocó: la extracción aurífera. En Condoto y en el San Juan, no sólo se ven los "restos de un naufragio", se sienten los efectos de la explotación intensiva de la minería sobre el ecosistema y sobre las descendencias indígenas y negras, que un día usaron el metal en los rituales de la vida y la muerte (ver Los Procesos Económicos Principales, La Minería). Los recursos mineros del Chocó fueron mencionados por los primeros cronistas; ya Balboa habló de la riqueza del río Opogodó (municipio de Condoto) desde la provincia nativa de Abanumaqui, en carta dirigida al Rey en el año de 1513. Cieza de León escribió:"Son muy riquísimos los indios del San Juan y los ríos llevan abundancia de oro" (citado en Echavarría, J., 1986: 22). Desde el siglo XVI, dicen Arocha y Friedemann, se establecieron "campamentos rústicos, sin mayor planificación, todos a lo largo de los ríos", campamentos que sufrieron numerosos contratiempos por la resistencia indígena al sometimiento. Nóvita y Tadó sobre el río San Juan, y Citará (Quibdó) y Lloró sobre el Atrato, fueron los principales centros mineros del Chocó durante la colonia (Friedemann, N., y Arocha, J., 1982: 191). Pero, "Resultaron vanos los esfuerzos de los españoles para concentrar a los indios en poblados y forzarlos a trabajar en minería. En 1586 Nóvita fue arrasado y aunque se reconstruyó, varias veces más sufrió ataques de los indios" (Ibid). Desde 1511 los españoles abundaron en la búsqueda del oro en el Chocó y en 1536 los expedicionarios españoles al mando de Pascual de Andagoya llegaron al río San Juan, pero la resistencia y el clima aunados, los llevaron al fracaso (ver Arocha y Friedemann, cit., y Colmenares, 1975). Desde 1624, se encomendó a órdenes misioneras la reducción de los indios, denominados chocó. Algunos jesuitas entraron al río San Juan, y posteriormente lo hicieron los franciscanos, quienes se establecieron en el río Atrato. Pero sólo décadas más tarde, hacia 1666, se consolidó en forma estable la extracción del oro con base en mano de obra esclava. En 1688 se dio ya la primera rebelión de esclavos. En junio de 1729 se promulgó la Real Cédula, por la cual se exoneró a los indios del régimen de mita o cuotas para el sector de la minería, hecho que coincidió con la segunda sublevación de mineros esclavos. Según R. Velásquez, se estableció así el primer grupo de negros confederados en rebeldía contra el gobierno de la Corona, quienes se apropiaron de la zona minera más rica del Chocó, el hoy municipio de Tadó, en el San Juan. Esta aldea fue fundada en marzo de 1583 y allí vivían los esclavos de la mina de Monte Carmelo. Las minas del conflicto fueron Santa Lucía, San Francisco, Santa Rosa y Real de Minas de Monte Carmelo. (Echavarría, J., 1986). "La tercera sublevación del denominado Cantón del San Juan", dice J. Echavarría, fue ya "durante la nueva República, contra el Decreto Ejecutivo N° 30 de marzo de 1825 promulgado por Francisco de Paula Santander, Vicepresidente de la Nueva Granada. El movimiento se extendió a Nóvita y a las parroquias de San Agustín, Noanamá, Baudó, Tadó." (Echavarría, J, cit.: 16). El derrumbe demográfico indígena, pues se pasó de 60.000 indígenas a comienzos del siglo XVII, a 15.000 a finales del siglo XVIII, fue solucionado con los esclavos. En 1704 el Chocó contaba con 600 esclavos importados y en 1782 ya representaban casi el 75% de la población de un total aproximado de 35.000 habitantes. Como se mencionó en el primer capítulo, los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la corona, curas o comerciantes, pero no fueron colonos (ver Arocha y Friedemann, cit.: 191-192 y Wade, P., 1989). Desde el punto de vista físico-natural, el valle del río San Juan se encuentra encerrado por la Serranía del Baudó, la Cordillera Occidental, el Macizo de los Farallones de Cali y el Océano Pacífico. Es una zona de transición de alta lluviosidad y quietud; su morfología es bien distinta a ambos lados del río. Posee una vegetación selvática casi cerrada pero muy variable en sí, típica de los bosques tropicales lluviosos (Guhl, E., 1974). La llanura del río San Juan, cuya longitud es de 190 km, forma suelos aluviales que contienen ricos yacimientos de minerales muy variados, metálicos y no metálicos. Sin embargo, la minería se ha dedicado prioritariamente a la explotación del oro y platino y recientemente al cobre, carbón y calizas. Los bosques son ricos en maderas de muy buena calidad, porque su intervención no es tan marcada como en otras áreas del departamento. Pero en las riberas del río San Juan, donde el objetivo no ha sido primordialmente la explotación forestal sino la minería, se aprecia en los últimos años el descuaje del bosque, tanto para uso comercial como doméstico. La población en esta subregión, en el censo de 1985, era de 72.494 habitantes, localizados en un área de 12.093 km, que representa el 26% del territorio y el 26.9% de la poblacion del departamento (ver Gráficos 1 y 2). CUADRO N° 17 POBLACION SUBREGION SAN JUAN, 1993 Municipio | Total | Cabecera | Resto | Area mpal. Km2 | | Istmina | 32.667 | 11.344 | 21.323 | 6.814 | | Tadó | 19.056 | 6.932 | 12.124 | 878 | | Condoto | 13.952 | 8.307 | 5.645 | 890 | | Nóvita | 6.486 | 1.466 | 5.020 | 1.184 | | Sipí | 2.831 | 229 | 2.602 | 1.561 | | San José del Palmar | 6.258 | 2.009 | 4.249 | 776 | TOTAL | 80.251 | 30.287 | 63.087 | 12.093 |
FUENTE: DANE, Censo 1993. Los municipios de Istmina, Tadó y Condoto representan más de las tres cuartas partes de la población de la subregión. En 1985 la mayoría de la población se localizó en las áreas rurales. Condoto decrecía en 1985 a tasas elevadas de -1.2%, mientras que Istmina, Tadó y San José del Palmar no crecían en absoluto o decrecían a tasas moderadas (CIDER, 1991: 37). Para 1993, Nóvita acentuó su decrecimiento de población y perdió más de la mitad de su población en la cabecera. Condoto, en cambio, aumentó mucho en su cabecera e Istmina lo hizo en forma moderada. De seguir esta tendencia, Condoto puede reemplazar a Istmina como centro regional. La comparación de los censos de 1973 y 1985 revela los bajos índices de crecimiento, incluso decrecimiento de todos los municipios de la subregión, y la expulsión de población. Pero en la década del ochenta al noventa afluye población en torno a la minería, desde el viejo Caldas, Antioquia y otras zonas, manteniendo una nueva población, alguna flotante. Esta es más significativa por su actividad económica, que por su valor numérico. El crecimiento de las cabeceras según censo de 1993, excepto Nóvita, y el decrecimiento de las áreas rurales es otra constante para todos los municipios de la subregión. La población de esta subregión en su mayoría es de origen afroamericano, pero se encuentra población wanana y de inmigrantes blancos dedicados a la explotación minera semi-industrial. En la subregión, el único municipio donde prevalecen los blanco-mestizos es en San José del Palmar, cuya actividad económica principal es la agropecuaria: café, cacao, maíz y frutales, son cultivos que generan excedentes para el campesino de la zona. San José del Palmar tiene acceso vial a los departamentos del Valle del Cauca y Risaralda; de allí la marcada influencia económica, política y cultural de éstos en la vida de dicho municipio. De conformidad con el Mapa de Pobreza del DANE, el porcentaje de necesidades básicas insatisfechas en la subregión oscila entre 93% de NBI en Nóvita y 70% en Condoto; en San José del Palmar desciende al 65%. Como quedó ya dicho, la minería es la principal actividad económica de la subregión: artesanal, industrial y semi-industrial, descritas en lo referente a minería. La organización del trabajo minero tradicional en el Chocó está determinada por el sistema amplio de parentesco denominado de troncos o ramaje, ya descrito. Es de importancia insistir en los impactos causados por la actividad minera en el San Juan, con base en estudio realizado por SER Consultores, para CODECHOCO. La minería artesanal afecta adversamente la categoría biótica, en particular la fauna acuática y la flora terrestre, y en menor grado la fauna terrestre, por la disposición de lodos, el lavado de costales, la disposición de materiales estériles y el desmonte del terreno (SER Consultores, 1991: 112). Aún así, la minería artesanal no tiene un efecto sobre el medio tan grave como las otras, dada su magnitud limitada. Sin embargo, el auge del trabajo con motobomba modifica sustancialmente las condiciones técnicas y la organización del trabajo, y aumenta la capacidad de impacto de la pequeña minería, que deja de ser artesanal para seguir un patrón de miniempresa. La tecnificación de este tipo de minería ha beneficiado marginalmente la estructura del ingreso familiar. En la minería semiindustrial e industrial, los efectos ambientales y sociales son más profundos y duraderos. En la primera, desde el desmonte y la limpieza, hasta los vertimientos, la disposición de aceites, la disposición de materiales gruesos y estériles afectan de manera drástica la flora y la fauna terrestres y acuáticas. Los carreteables y campamentos son también fuente de perturbación y destrucción de la flora y fauna terrestres. La minería industrial durante un largo período (ver La Minería), funcionó como una economía de enclave, con las características de baja reinversión local y gran impacto ambiental. Desde la nacionalización, la empresa Metales Preciosos del Chocó se encuentra en una semiparálisis, con efectos depresivos especialmente sobre la población de Andagoya. El dragado, la disposición de lodos y la separación del mercurio han ocasionado ya efectos devastadores. Este tipo de explotación no ha generado cambios en la estructura poblacional ni en las tasas de migración, por cuanto la mayoría de los trabajadores han sido nativos de la región. En cambio la minería semiindustrial tiene también repercusiones en la composición de la población. No sólo atrae inmigrantes temporales y desestabiliza la pirámide poblacional, sino que también comienza a generar presiones sobre la economía y la estructura social locales, y expulsa población nativa. El empleo que genera esta actividad es limitado y se dirige a las labores menos calificadas, pues los empresarios acostumbran traer los trabajadores más calificados de su región de origen, por lo general de la zona minera de Antioquia. En cambio, el aumento general en el costo de vida afecta a los nativos. Otro campo de conflictos gira alrededor de la tierra, en la medida en que es frecuente que los nativos se vean expropiados por la carencia de títulos de propiedad. Adicionalmente, el daño causado a las tierras explotadas en arriendo obliga a una dispendiosa adecuación. En el campo de la salud han aumentado algunas enfermedades infectocontagiosas; la malaria crece por los focos de zancudos en las lagunas dejadas por las excavaciones. La estructura ocupacional documentada por el censo de 1985, ha cambiado. Hoy día los obreros con más de 9 meses en Tadó y Condoto son casi el 4% de las categorías, mientras en 1985 no alcanzaban el 0.25%. En 1985 sólo se alcanzaba esa cifra en San José del Palmar, con un 6.4%. Otra categoría que se ha incrementado, es la de patrono con más de 9 meses en la zona. En general, en la subregión del San Juan, de las 14.213 viviendas registradas en 1990, apenas el 5.5% tenía todos los servicios (acueducto, alcantarillado y energía). En esta subregión se encuentra el municipio de Sipí, que tiene uno de los índices más altos del país en necesidades básicas insatisfechas, 97.8%. En Istmina funciona la sede de la universidad a distancia de la Universidad Tecnológica del Chocó, principalmente ofrece licenciatura en Ciencias de la Educación. A nivel de primaria y por la concentración de la población escolar en el sector rural, la subregión sufre los efectos de dispersión, mala calidad y deterioro de la infraestructura física. Se sienten también en la región los efectos de la municipalización de la educación, al punto que en el municipio de Istmina no hubo año escolar durante 1991 para básica primaria, por dificultades en la contratación y pago de los docentes. Lo más destacado de la subregión del San Juan es el vasto impacto de la minería sobre los bosques de las riberas, sobre los cauces, la flora, la fauna y la vida cultural asociada a ellos. Se requieren con prioridad proyectos de desarrollo sostenido que no multipliquen más, "los restos de un naufragio ".
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