Como es sabido, este tipo de organización se originó en estructuras coloniales españolas e implicó una relativa centralización de la autoridad. En forma simultánea, el contacto con la sociedad nacional ha fomentado la constitución de caseríos. Pero quizás lo más importante, es la delimitación precisa de un territorio, que cobra fuerza frente a invasores. Esta nueva territorialidad se constituye en patrimonio precioso para la reproducción cultural. Así, la política de la organización indígena emberá y wanana, ha sido impulsar cabildos y asentamientos en caseríos.
Al modificar éstos las pautas de asentamientos y pasar de vivienda dispersa a caseríos, se hacen necesarias ciertas instituciones como la educación formal y los servicios de salud y se crean vínculos y dependencias nuevos.
Los grupos indígenas practican la agricultura itinerante; utilizan parcelas no mayores de un cuarto de hectárea por cultivo, ubicadas en las zonas ribereñas. Según el cultivo, realizan máximo hasta tres cosechas y cambian de parcela. Una parcela puede durar hasta siete años en descanso.
Utilizan el sistema de tala y descomposición; primero se socola, es decir, se quita la vegetación menuda y luego se derriban los árboles. El hacha, el machete y la azuela son las herramientas por excelencia.
Mauricio Pardo comenta para los emberá que una parcela se usa una sola vez para maíz, aunque inmediatamente después puede sembrarse plátano en el mismo sitio. Una siembra de plátano produce unos tres años y después se deja descansar la tierra. La siembra de banano sí puede durar varios años y la caña de azúcar es prácticamente perenne... (Pardo, 1987: 253).
Los cultivos más antiguos son el plátano, el maíz y la caña de azúcar; luego incorporaron el arroz y en las zonas cordilleranas la yuca y el fríjol y más recientemente el cacao y el café (Ibid:252). Complementan esta dieta con la recolección, la caza y la pesca. En principio la alimentación es suficiente y balanceada; sin embargo, parece que la caza y la pesca no se llevan a cabo sino en determinadas épocas del año y se presenta deficiencia en proteína animal. Por otra parte, el grado de parasitismo es muy elevado, lo que contribuye a la desnutrición, especialmente entre los niños. Los ha afectado la tala de bosques y en mucho menor grado la minería.
Entre wanana y emberá es frecuente que los trabajos se lleven a cabo a partir del intercambio de servicios mediante dos modalidades, el de persona a persona o mano cambiada y el de la minga o convites, donde el dueño del trabajo ofrece comida y bebida a un grupo (Zuluaga, y otros, 1987: 65; Pardo, 1987: 254).
Los productos que se llevan al mercado son pocos y su producto se destina a mercancías básicas tales como ropa, sal, pólvora, etc.
En los últimos años se han vinculado indígenas de los diferentes grupos a la tala de bosques a diferentes niveles; por una parte, individuos indígenas trabajan por contrato para empresas madereras, con motosierras; detrás de ellos pasa un tractor que baja los árboles hasta el río para que un remolcador los lleve hasta los aserríos (Cardona, 1985). Otra forma es la venta de trozas a los intermediarios o directamente a las empresas y los aserríos. Por lo general los posibles compradores utilizan el sistema de endeude para adelantar pagos y a ninguno les interesa si la madera extraída está dentro o fuera de los límites de una concesión legal (Zuluaga y otros, 1987: 67).
Otra forma de vinculación es de grupo; un comerciante o intermediario contrata con toda la comunidad un determinado número de trozas o rastras de madera (Cardona, cit.). Por lo general, son engañados en estos negocios pues no tienen una idea clara de la competencia, de los precios, del valor de su mano de obra y del mismo dinero.
Las formas de vinculación a la tala se han prestado para enfrentamientos intracomunitarios, e incluso para el abuso de algunos individuos sobre los recursos del bosque. Tienen como modelo a otros pobladores quienes a través de ese medio obtienen dinero. Afortunadamente la mayoría conoce que el aprovechamiento de los bosques es beneficioso, siempre y cuando se tengan amarrados los hilos de su proceso económico. Conocen sus limitaciones y plantean estrategias que permitan controlar las concesiones y preservar las zonas de resguardo.